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viernes, 9 de noviembre de 2018

Azurmendi, el restaurante comprometido (y 2)

Habíamos dejado nuestro relato con la hoja de otoño, punto de inflexión entre los aperitivos disfrutamos en el patio, la cocina y el invernadero y el menú que está a punto de comenzar. Ante nosotros dos alternativas: el menú Erroak --Raíces-- y el menú Adarrak --Ramas--, bastante similares y equilibrados.

[Menús]


Optamos por el primero, por detalles, y porque siempre nos han seducido las raíces, origen de todo. Estos momentos están acompañados por un riquísimo champagne de Étienne Calsac, que degustamos mientras toda la maquinaria de sala se pone en marcha con precisión y perfección.

El mirador
Seguimos con cuatro entrantes, muy de temporada, por supuesto, y comunes a ambos menús: setas, alubias, limó-grass y txakolí marino, a saber: sobre un polvo de setas, praliné de setas y palitos de chocolate; las alubias no son alubias sino esferificaciones vegetales --de puerro y calabaza-- y de morcilla, a las que se añade un potente concentrado, esta vez sí, de alubias; limón de Bakio abierto relleno de foie gras y miel (tal vez un poco pesado para un entrante); el txakolí de bienvenida, esta vez infusionado con algas.

[Setas]
[Alubias]
[Limón-grass]
[Txakolí marino]

No por obvio debemos dejar pasar la cuestión estética. Llegados a este punto del relato, habréis podido daros cuenta de la exquisitez, la delicadeza y el buen gusto en la presentación de todos y cada uno de los bocados. Desde el menaje hasta la variedad de presentaciones pasando por los colores, las formas, los espacios... todo tiene un sentido, todo tiene un valor.

Menú Erroak
El menú Erroak comienza con unas sensacionales quisquillas sobre gel vegetal y granizado de tomate "viejo". Sabor intenso, contraste de texturas y de temperaturas. 

[Quisquillas, gel vegetal y granizado de tomate "viejo"]

Continuamos con varias elaboraciones a partir de un mismo producto, algo habitual en la cocina de Eneko Atxa. En este caso, el protagonista indiscutible es el erizo, que explora y explota para brindárnoslo en un buñuelo con caviar, al natural con aire del propio erizo y, por último, su propia emulsión. Erizo sólido, erizo líquido, erizo gaseoso.

[Buñuelo de erizo con caviar]
[Caviar al natural con aire de erizo]
[Emulsión de erizo]
[Cuvée Prestige, Jean Francois Ganivat]

La armonía para estos dos primeros platos fue un vino francés de la región de Jura, un Cuvée Prestige de Jean Francois Ganivat muy parecido al fino, ya que también le aparece un velo que lo protege de la oxidación.

Continuamos con otro plato espectacular con un protagonista humilde elevado a los altares por obra y gracia de la cocina de Eneko Atxa: la coliflor. Bizcocho de coliflor, crujientes de coliflor y cremoso de coliflor, culminadas y potenciadas con trufa negra rallada al momento.

[Coliflor en texturas y trufa]

De la humildad de la coliflor pasamos a la elegancia y categoría del abacanto --o bogavante-- que se deconstruye y se reconstruye: asado, descascarillado, crocante y con su mayonesa. Estética, sabor, textura y finura. Para acompañar estos dos platos, el equipo de sumillería eligió un vino blanco austríaco: Grüner Veltliner Loiser 1986.

[Abacanto asado, descascarillado, crocante y su mayonesa]
[Grüner Veltliner Loiser 1986]

Y si de raíces vascas y de otoño hablamos, son imprescindibles las setas. Sensacional plato en el que las setas "al ajillo" se presentan como una suerte de filamentos parecidos a los fideos chinos custodiados por dos yemas de huevo en tempura con grasa de ibéricos, mayonesa de setas y flor de ajo. Sublime.

Tras las setas, el último plato de pescado: rape en costra de ibérico, aire de mantequilla, caldo de legumbres y uva encurtida. De nuevo, se aprecia cómo la técnica está al servicio de una materia prima de calidad, de proximidad y de temporada, protagonistas absolutos de los platos.

[Setas "al ajillo"]
[Rape en costra de ibérico, aire de mantequilla,
caldo de legumbres y uvas encurtidas]
[Viña Ardanza Reserva 1986]

Después de Francia y Austria, aterrizamos en Haro (D.O. La Rioja) con un fabuloso blanco seco de Viña Ardanza Reserva 1986, probablemente la estrella del maridaje corto que solicitamos. El equipo de sumillería atendió nuestra solicitud de una armonía con menos vinos, que se materializó en un vino para cada dos platos. Dicha dificultad --encontrar un caldo para cada dos bocados, con las diferencias que hay entre ellos-- se sumaba a la propia de la cocina de Atxa, que consigue sacar platos verdaderamente redondos, completos, perfectos... pero es de reconocer la labor y la gran selección de vinos que nos brindaron, siempre buscando vinos que consiguieran aportar algo a cada plato y que nos sorprendieran por su exclusividad.

El momento de las carnes se abrió con pichón asado, deshuesado, vegetales de temporada --asados a la llama-- y tosta de sus interiores, sobre una salsa concentrada de berenjenas y acompañado de foie. Y continuó, para cerrar los platos salados, con un bocado --literalmente-- verdaderamente sorprendente: rabito de cerdo guisado y anchoa de Bermeo. Ante este tipo de platos siempre pienso cuál ha sido el proceso de reflexión y creación, cómo han llegado a esa combinación de sabores... sea cual sea ese proceso, gracias por haberlo conseguido. Para los dos platos de carne, seguimos en Haro, seguimos con Rioja y no nos movemos de los años ochenta, para dar con un Viña Real Reserva 1987.

[Pichón asado, deshuesado, vegetales de temporada
y tosta de sus interiores]
[Rabito de cerdo guisado y anchoa de Bermeo]
[Viña Real Reserva 1987]

Llega el momento dulce del menú. A modo de pre-postre un sorbete frutos rojos como aviso de lo que se avecinaba. Habíamos pedido hacer un cambio entre dos postres de los dos menús, pero tuvieron la deferencia y el detalle de traernos uno de cada para probar ambos, que fueron los que llegaron primero: aguacate y mango con helado de lima y ciertas notas picantes (del menú Adarrak) y frutos rojos, albahaca y helado de queso de Etxano (del menú Erroak). Frescos, divertidos, equilibrados. ricos.

[Sorbete de frutos rojos]
[Aguacate y mango]
[Frutos rojos, albahaca y helado de queso de Etxano]

El tercer postre, coco, ron y jengibre, se presenta en dos momentos: agua de coco con flores y el cremoso de coco sobre virutas de chocolate y granizado de ron y jengibre con cilantro, sabores poco habituales para un postre pero de una potencia asombrosas, deliciosas. Y terminamos con chocolate, cacahuete y regaliz, una combinación que no falla y que, de algún modo, nos evocó a la infancia.

[Coco, ron y jengibre]
[Chocolate, cacahuete y regaliz]

Para los postres, una rareza: Malus Mama, sidra de hielo. Sin ser un vino dulce, se comporta como tal. Equilibra la dulzura y la acidez de un modo magistral. Inolvidable.

[Malus Mama 2011]

Pero todavía quedaba la sorpresa de los petit fours. A medio camino entre un joyero y una caja mágica, empezaron a abrirse cajones y a desplegarse bandejas de los que aparecían gominolas --de mango y curry y de frutos rojos--, bombones --de chocolate y limón, de chocolate y vino tinto--, macarons --de fresa y menta--, piruletas y esponjas...  ¡solo faltaba Willy Wonka!

[Petit fours]

Quiero terminar como empecé e insistiendo en el compromiso de Eneko Atxa que, gracias a la filosofía Jaki(n), ha hecho de Azurmendi un restaurante de referencia en cuanto a la sostenibilidad. A ello suma un profundo conocimiento y un mayor respeto por las materias primas y sus recolectores y productores, una excepcional técnica al servicio del protagonista indiscutible: el sabor, y un objetivo que alcanza plenamente: hacer que el comensal disfrute.

lunes, 5 de noviembre de 2018

Azurmendi, el restaurante comprometido (1)

¿Azurmendi, el restaurante, Azurmendi, la perfección, Azurmendi, la experiencia total? Os prometo que me ha costado un mundo decidir el título que recoja la experiencia que se vive en Azurmendi, el restaurante gastronómico de Eneko Atxa en Larrabetzu (Vizcaya). Creo, modestamente, haber acertado puesto que creo que la palabra clave es 'compromiso': compromiso del chef con su pasión, con sus raíces, con su tierra, con sus proveedores, con su equipo, con el planeta, con la perfección, con el comensal, con la temporada... y viceversa, que no es poco. Y algo más, compromiso de todo el que lo visita con una filosofía que te abre los ojos y te inspira.

Entorno
Hacemos nuestra la descripción que hace la Guía Repsol del restaurante: "Espectacular emplazamiento con inmensos ventanales en el elegante comedor que ofrece vistas a la ladera de una colina de viñedos autóctonos". Antes de entrar apetece darse un paseo y visitar los viñedos, el huerto y el invernadero... y ahí te das cuenta de que estás en un espacio único, en un lugar excepcional. Alrededor verde y más verde. Al acceder al edificio descubrimos que está perfectamente integrado con el entorno: el gran hall de entrada tiene un jardín vertical, una fuente, troncos... y alrededor, unos mensajes en euskera, español e inglés que nos ponen en nuestro sitio: "Este guisante: pequeño espejo del Planeta Tierra". "Las nubes huyen, los coches van y vienen. Quedémonos más". "En la caverna dibuja el artista. Su nombre: Sabor". "El menú: una selección de platos hechos de sueños".

[Restaurante. Exteriores y sala]

Sostenibilidad
El restaurante domina desde una colina todo el espacio que Eneko Atxa ha creado con una ética y un compromiso brutales. Aprovecha el sol para reducir el consumo de luz artificial; utiliza el agua de la lluvia para el invernadero, los huertos e, incluso, los inodoros; producen energías renovables que cubran parte de sus necesidades... Azurmendi es el mejor restaurante sostenible del mundo por méritos propios. Otro detalle: que para reducir el CO2 que emite el restaurante, han plantado 800 árboles.

Eneko Atxa trabaja con decenas de productores locales que diariamente le proveen de huevos, leche, verduras, setas, txakolí, frutas, carne, ostras y mejillones, alubias, hierbas, flores, brotes... Recuerdo que escuché al chef vasco en 2016, en Madrid Fusión, que explicaba que cuando construyó el restaurante lo hizo sin cámaras para guardar los productos y que, por tanto, depende diariamente de sus proveedores. Le preguntaban que qué pasaría si alguna vez le fallaba uno de sus proveedores. Su respuesta fue sencilla y segura: "No me pueden fallar". Él tampoco les falla.

[Centro de sostenibilidad: huertos e invernadero]

En este mismo sentido, al final de la comida, nos obsequian con un librito fruto de la colaboración entre Azurmendi y la Facultad de Bellas Artes de la Universidad del País Vasco con la Basque Know How Fundazioa en el que se recogen, en sus 70 páginas, algunos de los proveedores, con su nombre y apellidos, su procedencia y los productos que aportan. Dice Eneko Atxa: "Como puedes ver y sentir, en este proyecto estamos implicadas y comprometidas muchas personas" y el número sigue aumentando.

[Centro de sostenibilidad: invernadero y viñedos]

Picnic de bienvenida
Seguro que ya estás impaciente por saber cómo fue nuestra experiencia. No nos demoramos más. Tras la bienvenida de la mano de Ainhize Zarrabeitia --gerente de Azurmendi-- se nos invitó a pasar a al hall interior que hemos descrito más arriba y disfrutar de un txakolí de la casa, mientras salía el picnic, que era presentado por personal del equipo de cocina: espárrago seco, jugo de hibisco, tartar de ibérico y brioche de salazones. A la vista, el oído y el tacto ya activados durante el paseo por el huerto y el invernadero, en parte bajo una incipiente lluvia,  por fin se sumaban a la fiesta el gusto y tacto... y lo hacían por la puerta grande.

[Entrada y txakolí de bienvenida]
[Picnic. De arriba abajo y de izquierda a derecha:
tartar ibérico, brioche de salazones, jugo de hibisco y espárrago seco]

La cocina
Tras estos primeros aperitivos se nos invitó a entrar en la cocina, donde el equipo nos saluda y disfrutamos de uno de los mayores (si no el más grande) icono de Azurmendi y de Eneko Atxa: el huevo trufado. La yema de huevo crudo se cocina a la inversa gracias a que se extrae una parte que se sustituye por la misma proporción de una crema caliente de trufa, que en cuestión de unos segundos cocina la yema desde el interior. Para acompañar --y amenizar la espera mientras se observan las operaciones del cocineero--, la versión del clásico marianito: vermú casero con aire de cítricos y polvo de aceitunas. Terminados los aperitivos, el equipo de cocina se despide de nosotros con un sonoro: "¡Agur!" Y seguimos...

[Marianito]
[Huevo trufado]

El invernadero
Seguimos hacia el siguiente espacio, el último antes de llegar a la sala: el invernadero. Allí nos esperan entre plantas, hierbas, flores y especias cuatro aperitivos más: manzana fermentada --sidra infusionada con hierbas como la menta--, cornetto de especias --tomate especiado--, cuajada de hierbas --la leche de cabra cuaja al instante gracias a que el vaso tiene la esencia del galium-- y kaipiritxa --la versión local de la caipirinha--.

[Sirviendo la manzana fermentada]
[Especias del mundo]
[Cornetto de especias]
[El invernadero]
[Kaipiritxa]

Hoja de otoño
Del invernadero nos acompañan a la sala donde el equipo --en un número cercano a la veintena-- magistralmente dirigido por Felipe Barbancho nos recibe cálidamente y nos hacen sentir únicos. Ellos de traje y corbata negros aportan elegancia; ellas con un mono verde y fajín marrón parece que quieren ser parte de la naturaleza en la que se integran Azurmendi.

[Hoja de otoño]

Es otoño y el centro de nuestra mesa está decorado con los motivos propios de la temporada: un tronco, hierbas y flores... y una hoja caída, que resulta ser un crujiente de tomate: es la hoja de otoño, el último aperitivo. Desde nuestra, junto a los enormes ventanales, vemos el verde que rodea el restaurante. La lluvia aprieta un poco y hace más mágico aún el momento.