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domingo, 3 de noviembre de 2019

Restaurante Martín Berasategui: el templo (y 2)

La cena sigue su curso, todo fluye en una sala comandada por José Manuel Borrella y en la que los camareros despliegan la habitual coreografía de platos, explicaciones, atención a los detalles... Para estos platos el equipo de sumillería nos propuso un Georg Breuer Nonnenberg GG 2012 (variedad Riesling, Rheigau), un excelente blanco alemán de aroma intenso y sabor afrutado y muy fresco.


2019 Cigala, endivia, anchoa y sardina
Seguimos contando el menú que es, como podéis ver, eminentemente marinero. El siguiente es un licuado de junquillo de mar sobre trama de cigalas y montadito de endivia, anchoa y sardina.


2018 Cigala a la brasa
La cigala es la protagonista del siguiente plato: envuelta en panceta y a la brasa sobre fondo marino al anís y mahonesa de sus corales. Sensacional plato en el que el sabor es delicado y potente al mismo tiempo.


2019 Lomo de merluza a la brasa
El lomo de merluza a la brasa con tartar de calamar y hierba de nuez tostada con matices de azafrán es otro de los platos de este año. Un claro ejemplo de cómo poner las técnicas gastronómicas al servicio del sabor.


2019 Salmonete, hinojo y chipirón
Como no tolero demasiado bien la ostra pedí un cambio en este pase y me dieron total libertad para que eligiera cualquiera de los de la carta. Me llamó mucho la atención --y debo decir que no me equivoqué-- el salmonete con cristales de escamas comestibles, hinojo con azafrán y bombón líquido de chipirón. No puedo evitar acordarme de mi padre, a quien le apasionaban los salmonetes en una época en la que en niño que yo era le repetía que no me gustaba porque "sabía mucho a pescado". Su insistencia no dio frutos en su momento pero sí que siempre la he tenido presente y con los años puedo decir que he heredado su pasión. Si este recuerdo se ve potenciado por el "garrote" de la cocina de Martín Berasategui, estamos hablando de felicidad.


2015 "La trufa" con setas y berza
Este es otro clásico, más reciente, del restaurante. Una "trufa" de foei gras con setas fermentadas y setas, un plato muy otoñal con el que pasamos del mar a la montaña, justo antes de la carne.


2011 Solomillo, acelgas y queso
El único plato de carne del menú es un exquisito solomillo "Luismi" asado a la brasa sobre lecho de clorifila de acelgas y bombón de queso.


2017 Limón con jugo de albahaca
Los dos postres del Gran Menú son espectaculares. El primero es limón con jugo de albahaca, judía verde y almendra. La corteza del limón es una fina capa de chocolate blanco rellena de crema helada de limón. Un postre muy fresco y sabroso.


2019 Roca helada de Pacari, canela y azafrán
Pacari es un productor ecuatoriano de chocolate orgánico que pasa por ser el mejor chocolate del mundo. Pues con esta materia prima como protagonista, el segundo postre es una roca helada de Pacari con crema de canela y velo de azafrán. Una auténtica delicia incluso para una persona que, como yo, no soy muy chocolatero.


Petit fours
Los dulces para el café son el espectáculo final. Dispuestos sobre una estructura metálica que parece viva encontramos gominolas de fresa, semiesferas de vainilla, lingote cremoso de almendra; esponjoso de coco, toffee crujiente de avellana; sopa fría de chocolate y sopa de jugo arándanos.


Las mignardises son el broche de oro de este Gran Menú Degustación de un cocinero que es un mito y un restaurante que es un referente. Una experiencia verdaderamente inolvidable, tres horas de cena que se desarrollan con el ritmo adecuado, en un ambiente muy agradable que, a medida que pasan los platos se va haciendo más y más cercano. No se escapa ningún detalle. Inolvidable.

lunes, 28 de octubre de 2019

Restaurante Martín Berasategui: el templo (1)

Qué complicado es comenzar a escribir sobre la casa madre de Martín Berasategui. ¿Qué decir cuando ya se ha dicho todo? Hace poco el restaurante cumplió 25 años mientras ascendían hasta 40 los años que el cocinero lleva en las cocinas. Tres estrellas Michelin en este establecimiento donde nació todo y un total de diez macarons repartidos del siguiente modo: Lasarte (tres estrellas) y Oria (una estrella) en Barcelona, MB (dos estrellas) en Tenerife y la sidrería eMeBe Garrote (una estrella) en San Sebastián. Todo esto sin sumar el resto de restaurantes, hasta un total de quince. Pero el restaurante Martín Berasategui en Lasarte-Oria es su casa, su templo.


El restaurante está situado en la localidad de Lasarte-Oria, a unos siete kilómetros de San Sebastián. Es un casería familiar en el que se disponen tres salones alrededor de unos ventanales enormes con vistas al jardín, de modo que exterior e interior armonizan perfectamente en un único espacio. El interior es todo de madera y el ambiente es muy cálido.


El tratamiento de todo el equipo es exquisito, consiguiendo ese equilibrio perfecto entre la educación y la cercanía, la rigurosidad en explicación de cada plato no riñe con el intercambio entre comensal y personal de sala, pudiendo compartir expectativas, experiencias, deseos y hasta alguna que otra broma. Para el aperitivo pedimos un txakolí y, como no podía ser de otro modo, disfrutamos del K5, de las bodegas de Karlos Arguiñano (D.O. Getariako Txakolina, variedad 100% Hondarrabi zuri).


Tenemos la opción de carta y de menú y nos decantamos por la segunda. El Gran Menú Degustación es un recorrido por la historia del restaurante y del propio Martín. Compuesto por trece pases más dos postres, servicio de panes con selección de mantequillas y petit fours, nos ofrece las creaciones más recientes junto a algunos de los platos más emblemáticos de Berasategui.

2019 Nuestras olivas aliñadas
Qué mejor que acompañar el txakolí con unas aceitunas, solo que poco convencionales, como era de esperar: las aceitunas líquidas son una verdadera delicia. La explosión en boca inunda del sabor de la oliva manzanilla. Se acompaña de un crujiente de oliva.


2019 Tapioca de remolacha y crustáceos
El segundo aperitivo es también de este año: un crujiente de tapioca de remolacha con un tartar de cigala y salmón, exquisito bocado.


2018 Gilda y tartar de atún
La gilda es, con total seguridad, el pintxo más popular de Donostia y no podía faltar en el templo de la gastronomía guipuzcoana. La versión de Berasategui es delicada y sabrosa al mismo tiempo: ocho esferificaciones --de anchoa, de guindilla y de aceituna-- que se unen como si fueran el cuerpo de una cigala y que en boca estallan con el mismísimo sabor de la gilda tradicional. Completa este tercer pase un tartar de atún "Balfegó" sobre caldo de alcaparras "Agrucapers", presentado a modo de quenelle. El caldo de alcaparras es el vínculo entre los dos bocados, el elemento de cohesión.


Los panes y las mantequillas
Tras los tres primeros aperitivos llega el servicio de panes y mantequillas. Estas últimas son un verdadero icono de Martín Berasategui: en la foto se aprecian las cuatro barritas de mantequilla de alcaparra, aceituna negra y anchoa (en primer plano, marrón oscuro), de lemon grass (color beige), de aguacate (verde) y de nongos (al fondo, color marrón claro). 


Para acompañar la comida y disfrutar de las mantequillas, el surtido de panes es igualmente de primer nivel: brioche de tocineta; trenza de higos pasas y nueces; focaccia MB; pan hojaldrado; pan de fenogreco; hogaza de alta fermentación; baguette de masa madre.



1995 Milhojas de anguila y foie gras
Martín nació en 1960 y su restaurante homónimo abrió las puertas en 1993. Tan solo dos años más tarde, en 1995, creó esta maravilla que es todo un clásico de la alta cocina y que tanto ha influido en elaboraciones posteriores de otros chefs: milhojas caramelizada de anguila ahumada, foie gras, cebolleta y manzana verde. Un bocado perfecto.


2019 Flor de sepia líquida
Damos un nuevo salto en el tiempo de casi un cuarto de siglo para aterrizar de nuevo en una versión líquida de un clásico: en este caso, de sepia con su tinta.


2018 Bacalao, espárragos y caviar
Esta creación del año pasado se ha ganado un puesto en el menú de 2019 con todo merecimiento. Gelé de bacalao con encurtido de espárragos y su crema con caviar "Ars Italica", avellanas y crujiente de piel del propio bacalao. Las diferentes texturas y tratamiento del espárrago, el crocante de la piel de bacalao y las avellanas y el fondo del caviar armonizan en un plato lleno de matices.


2001 Ensalada de tuétanos de verduras
El otro gran clásico del Gran Menú y el plato más bonito, estéticamente hablando, del mismo es esta ensalada de tuétanos de verdura con marisco, crema de lechuga de caserío y jugo yodado de agua de tomate. La sinfonía de colores, formas, sabores, texturas y contrastes de sabor es sensacional. Este plato es una pura fiesta.


viernes, 9 de noviembre de 2018

Azurmendi, el restaurante comprometido (y 2)

Habíamos dejado nuestro relato con la hoja de otoño, punto de inflexión entre los aperitivos disfrutamos en el patio, la cocina y el invernadero y el menú que está a punto de comenzar. Ante nosotros dos alternativas: el menú Erroak --Raíces-- y el menú Adarrak --Ramas--, bastante similares y equilibrados.

[Menús]


Optamos por el primero, por detalles, y porque siempre nos han seducido las raíces, origen de todo. Estos momentos están acompañados por un riquísimo champagne de Étienne Calsac, que degustamos mientras toda la maquinaria de sala se pone en marcha con precisión y perfección.

El mirador
Seguimos con cuatro entrantes, muy de temporada, por supuesto, y comunes a ambos menús: setas, alubias, limó-grass y txakolí marino, a saber: sobre un polvo de setas, praliné de setas y palitos de chocolate; las alubias no son alubias sino esferificaciones vegetales --de puerro y calabaza-- y de morcilla, a las que se añade un potente concentrado, esta vez sí, de alubias; limón de Bakio abierto relleno de foie gras y miel (tal vez un poco pesado para un entrante); el txakolí de bienvenida, esta vez infusionado con algas.

[Setas]
[Alubias]
[Limón-grass]
[Txakolí marino]

No por obvio debemos dejar pasar la cuestión estética. Llegados a este punto del relato, habréis podido daros cuenta de la exquisitez, la delicadeza y el buen gusto en la presentación de todos y cada uno de los bocados. Desde el menaje hasta la variedad de presentaciones pasando por los colores, las formas, los espacios... todo tiene un sentido, todo tiene un valor.

Menú Erroak
El menú Erroak comienza con unas sensacionales quisquillas sobre gel vegetal y granizado de tomate "viejo". Sabor intenso, contraste de texturas y de temperaturas. 

[Quisquillas, gel vegetal y granizado de tomate "viejo"]

Continuamos con varias elaboraciones a partir de un mismo producto, algo habitual en la cocina de Eneko Atxa. En este caso, el protagonista indiscutible es el erizo, que explora y explota para brindárnoslo en un buñuelo con caviar, al natural con aire del propio erizo y, por último, su propia emulsión. Erizo sólido, erizo líquido, erizo gaseoso.

[Buñuelo de erizo con caviar]
[Caviar al natural con aire de erizo]
[Emulsión de erizo]
[Cuvée Prestige, Jean Francois Ganivat]

La armonía para estos dos primeros platos fue un vino francés de la región de Jura, un Cuvée Prestige de Jean Francois Ganivat muy parecido al fino, ya que también le aparece un velo que lo protege de la oxidación.

Continuamos con otro plato espectacular con un protagonista humilde elevado a los altares por obra y gracia de la cocina de Eneko Atxa: la coliflor. Bizcocho de coliflor, crujientes de coliflor y cremoso de coliflor, culminadas y potenciadas con trufa negra rallada al momento.

[Coliflor en texturas y trufa]

De la humildad de la coliflor pasamos a la elegancia y categoría del abacanto --o bogavante-- que se deconstruye y se reconstruye: asado, descascarillado, crocante y con su mayonesa. Estética, sabor, textura y finura. Para acompañar estos dos platos, el equipo de sumillería eligió un vino blanco austríaco: Grüner Veltliner Loiser 1986.

[Abacanto asado, descascarillado, crocante y su mayonesa]
[Grüner Veltliner Loiser 1986]

Y si de raíces vascas y de otoño hablamos, son imprescindibles las setas. Sensacional plato en el que las setas "al ajillo" se presentan como una suerte de filamentos parecidos a los fideos chinos custodiados por dos yemas de huevo en tempura con grasa de ibéricos, mayonesa de setas y flor de ajo. Sublime.

Tras las setas, el último plato de pescado: rape en costra de ibérico, aire de mantequilla, caldo de legumbres y uva encurtida. De nuevo, se aprecia cómo la técnica está al servicio de una materia prima de calidad, de proximidad y de temporada, protagonistas absolutos de los platos.

[Setas "al ajillo"]
[Rape en costra de ibérico, aire de mantequilla,
caldo de legumbres y uvas encurtidas]
[Viña Ardanza Reserva 1986]

Después de Francia y Austria, aterrizamos en Haro (D.O. La Rioja) con un fabuloso blanco seco de Viña Ardanza Reserva 1986, probablemente la estrella del maridaje corto que solicitamos. El equipo de sumillería atendió nuestra solicitud de una armonía con menos vinos, que se materializó en un vino para cada dos platos. Dicha dificultad --encontrar un caldo para cada dos bocados, con las diferencias que hay entre ellos-- se sumaba a la propia de la cocina de Atxa, que consigue sacar platos verdaderamente redondos, completos, perfectos... pero es de reconocer la labor y la gran selección de vinos que nos brindaron, siempre buscando vinos que consiguieran aportar algo a cada plato y que nos sorprendieran por su exclusividad.

El momento de las carnes se abrió con pichón asado, deshuesado, vegetales de temporada --asados a la llama-- y tosta de sus interiores, sobre una salsa concentrada de berenjenas y acompañado de foie. Y continuó, para cerrar los platos salados, con un bocado --literalmente-- verdaderamente sorprendente: rabito de cerdo guisado y anchoa de Bermeo. Ante este tipo de platos siempre pienso cuál ha sido el proceso de reflexión y creación, cómo han llegado a esa combinación de sabores... sea cual sea ese proceso, gracias por haberlo conseguido. Para los dos platos de carne, seguimos en Haro, seguimos con Rioja y no nos movemos de los años ochenta, para dar con un Viña Real Reserva 1987.

[Pichón asado, deshuesado, vegetales de temporada
y tosta de sus interiores]
[Rabito de cerdo guisado y anchoa de Bermeo]
[Viña Real Reserva 1987]

Llega el momento dulce del menú. A modo de pre-postre un sorbete frutos rojos como aviso de lo que se avecinaba. Habíamos pedido hacer un cambio entre dos postres de los dos menús, pero tuvieron la deferencia y el detalle de traernos uno de cada para probar ambos, que fueron los que llegaron primero: aguacate y mango con helado de lima y ciertas notas picantes (del menú Adarrak) y frutos rojos, albahaca y helado de queso de Etxano (del menú Erroak). Frescos, divertidos, equilibrados. ricos.

[Sorbete de frutos rojos]
[Aguacate y mango]
[Frutos rojos, albahaca y helado de queso de Etxano]

El tercer postre, coco, ron y jengibre, se presenta en dos momentos: agua de coco con flores y el cremoso de coco sobre virutas de chocolate y granizado de ron y jengibre con cilantro, sabores poco habituales para un postre pero de una potencia asombrosas, deliciosas. Y terminamos con chocolate, cacahuete y regaliz, una combinación que no falla y que, de algún modo, nos evocó a la infancia.

[Coco, ron y jengibre]
[Chocolate, cacahuete y regaliz]

Para los postres, una rareza: Malus Mama, sidra de hielo. Sin ser un vino dulce, se comporta como tal. Equilibra la dulzura y la acidez de un modo magistral. Inolvidable.

[Malus Mama 2011]

Pero todavía quedaba la sorpresa de los petit fours. A medio camino entre un joyero y una caja mágica, empezaron a abrirse cajones y a desplegarse bandejas de los que aparecían gominolas --de mango y curry y de frutos rojos--, bombones --de chocolate y limón, de chocolate y vino tinto--, macarons --de fresa y menta--, piruletas y esponjas...  ¡solo faltaba Willy Wonka!

[Petit fours]

Quiero terminar como empecé e insistiendo en el compromiso de Eneko Atxa que, gracias a la filosofía Jaki(n), ha hecho de Azurmendi un restaurante de referencia en cuanto a la sostenibilidad. A ello suma un profundo conocimiento y un mayor respeto por las materias primas y sus recolectores y productores, una excepcional técnica al servicio del protagonista indiscutible: el sabor, y un objetivo que alcanza plenamente: hacer que el comensal disfrute.