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sábado, 5 de diciembre de 2015

En El Celler de Can Roca... por fin (2)

Habíamos dejado la experiencia en El Celler de Can Roca en los aperitivos y en esta segunda parte llegan los principales (once platos) y los postres (tres más las golosinas que acompañaron al café).

El festival
Empezamos con un consomé de calabaza con té verde. Licuado de calabaza, licuado de espinacas, tofu de avellana, chirivía, zumo de la fruta de la pasión, pipa de calabaza, nabo y castaña a la brasa. En un consomé finísimo, destaca en cada cucharada el golpe de sabor de la avellana o de la fruta de la pasión haciendo cada cucharada diferente a la anterior.

[Consomé de calabaza con té verde]

Siguiente plato: salmonete marinado con kombu: higo coll de dama, espuma de higo chumbo, anémona, salicornia, lima, gelatina de P.X. y vinagre de katsuobushi.

[Salmonete marinado con kombu]

Cigala con salsa de haba de cacao fue el tercero de los principales, presentado en un plato que representaba la semilla del cacao. Acompañado de mole negro con chocolate y crema de galera con coco y ceps.

[Cigala con salsa de haba de cacao]

Ensalada de perdiz con col fermentada, caldo ahumado y espuma de estragón. Nos sorprendió el contraste de los tres sabores principales: la perdiz, la col y el estragón.

[Ensalada de perdiz con col fermentada]

Caqui con pichón a la brasa. Nos aconsejaron que empezáramos por la parte más cercana a nosotros donde el caqui llevaba orégano, luego el siguiente trozo llevaba menta y el último yuzu. De ese modo, el sabor iba de mayor a menor intensidad al acompañar los tres bocados de pichón. 

[Caqui con pichón a la brasa]

Con la gamba marinada en vinagre de arroz pasamos el ecuador de los principales. Podemos decir que es una gamba total: con el jugo de la cabeza y las patas crujientes, acompañado de un velouté de algas y pan de fitoplancton, es marisco puro. Toques japoneses y el descubrimiento de Ángel León en un bocado. Excelencia pura.

[Gamba marinada en vinagre de arroz]

Número siete: raya confitada con aceite de mostaza. Con mantequilla noisette, miel, vinagre de Chardonnay, bergamota, mostaza aromatizada y avellana ahumada. El sabor de la raya, un pescado pobre recuperado para la alta cocina, con la mostaza era una auténtica delicia.

[Raya confitada con aceite de mostaza]

Besugo con sanfaina. Este plato es una pequeña obra de arte. Tal vez como todos los anteriores pero la sanfaina (una especie de pisto o ratatouille) se presenta deconstruida sobre el lomo del besugo: los colores de la berenjena, el pimiento verde, el pimiento rojo, el calabacín... forman un mosaico que recuerda los azulejos de Gaudí. 

[Besugo con sanfaina]

Cochinillo ibérico con madroño y granada. El crujiente de la piel, lo tierno de la carne y los sabores afrutados componen un sabor muy agradable. Estéticamente es una preciosidad.

[Cochinillo ibérico con madroño y granada]

Cordero con puré de berenjenas y garbanzos, pies de cordero y tomate especiado. Cordero en cuatro texturas (cuatro sabores, cuatro experiencias).

[Cordero con puré de berenjenas y garbanzos]

Terminamos con llata de ternera con tuétanos, tendones y aguacate terroso.

[Llata de ternera con tuétanos, tendones y aguacate terroso]

Triple dulce final
El primer postre de Jordi Roca se llama Suspiro limeño y es un juego de cítricos y dulce: leche, lima, cilantro, dulce de leche y pisco. Bajo esa capa fina crujiente hay un sorprendente golpe de frío que lo hace mucho más refrescante.

[Suspiro limeño]

De Perú viajamos a Estambul para el segundo postre: perfume turco. Nos presentan un cono con el perfume que inspiró a Jordi para este postre y nos piden que lo olamos después de comer el postre de rosa, melocotón, azafrán, comino, canela y pistacho. Fue sensacional evocar los sabores de mi viaje a Estambul con el sabor a frutos secos y a especias, el olor a perfume de rosas y el lokum.

[Perfume turco]
[La inspiración]

El fin de fiesta fue el cromatismo naranja. Dentro de una delicadísima esfera se esconden flores, frutas, espuma y gel... todo de frutos naranjas (mango, fruta de la pasión, mandarina...) sobre una cama de zanahorias.

[Cromatismo naranja]
[Cromatismo naranja]

Y con el café, cuatro horas y media después de entrar por las puertas de El Celle de Can Roca, estas golosinas...

[Las chucherías del carrito]

lunes, 30 de noviembre de 2015

En El Celler de Can Roca... por fin (1)

Once meses y doce días después de conseguir la reserva llegó el día de disfrutar de una cena de cuatro horas y media en El Celler de Can Roca, considerado el mejor restaurante del mundo en la "lista asesina", como la denominó Ferrán Adrià, de San Pellegrino, con tres estrellas Michelin, de los hermanos Joan (chef con tres soles Repsol), Jordi (el mejor repostero del mundo en 2014) y Josep Roca (jefe de sala y uno de los mejores sumillers del mundo). Como carta de presentación no está mal. La cosa promete, ¿verdad?

[Restaurante El Celler de Can Roca. Can Sunyer, 48]

La espera
El día uno de cada mes a las doce en punto de la noche se abren las reservas para once meses más tarde. Así pues, desde las 23:43 horas de la noche del 30 de noviembre al 1 de diciembre de 2014, estaba delante de mi ordenador, en la web del restaurante, listo para la acción. Aún así, no pude conseguir reserva para viernes ni para sábado, pero conseguí reserva para el jueves 12. Once meses y doce días más tarde, llegó el día. Volamos a Barcelona. Desde allí a Girona, en tren. Check in en el hotel y paseo por el centro de Girona: la catedral, el barrio judío, las casas de colores sobre el río Oñar y, por supuesto, un panet en Rocambolesc, la heladería de Jordi Roca. Regreso al hotel para prepararnos y taxi dirección al número 48 de Can Sunyer.

[Los/Las roca]

Los previos
Doce minutos después estábamos entrando en los jardines de El Celler de Can Roca. Sí, estábamos allí. La sala, acristalada, rodea el jardín y en todo momento tienes la sensación de estar en contacto con la naturaleza. La mesa está vestida con un mantel blanco y decorada con tres rocas. El sentido es evidente, ¿no? La carta de vinos es verdaderamente alucinante: te acercan una especia de atril de madera con tres baldas donde hay tres cartas: blancos, cavas y champañas, tintos y rosados y licores y aguardientes. Entre las dos alternativas optamos por el Menú Festival, es decir, el menú largo.

[Carta(s) de vinos]

Comerse el mundo
Los aperitivos fueron un auténtico espectáculo de sabores y presentaciones sorprendentes. El primer contacto con la cocina de Joan Roca fueron cinco mini aperitivos, que llegaban dentro de un globo de papel (como uno de los farolillos que cuelgan en las ferias) diseñados con el fin de Comerse el mundo: nos aconsejaron empezar por un pan frito con panco y panceta con salsa de soja, kimchi y aceite de sésamo de Corea, al ser el de sabor más fuerte, y que acabáramos con un bocado de almendra, rosa, miel azafrán, ras de hanout y yogur de cabra de Marruecos, el más dulce. Libertad para los otros tres: un burrito de mole poblano y guacamole de México; una tartaleta de hoja de parra con puré de lentejas, berenjena y especias con shots de yogur de cabra y pepino de Turquía; verduras encurtidas con crema de ciruelas de China.

A continuación, un crujiente de maíz con corteza de cochinillo ibérico.

[Comerse el mundo]
[Crujiente de maíz con corteza de cochinillo ibérico]

Memoria de un bar a las afueras de Girona

El segundo gran momento fue el recuerdo de los hermanos Roca a sus padres y al bar que estos tenían y donde ellos empezaron a coquetear con la cocina. "Tras el viaje alrededor del mundo, hagamos un viaje en el tiempo hasta llegar a un bar de las afueras de Girona... allí, Josep ya estaba en el bar, Joan en la cocina y Jordi, que aún era pequeño y no sabía qué hacer, estaba en las nubes". Más o menos estas fueron las palabras con las que nos presentaron ese bar que montaron en la mesa a modo de libro para niños que aparecen al abrir las páginas. En dicho escenario aparecieron "los platos que servían en el restaurante familiar pero elaboradas con las técnicas actuales": tortilla de patatas y cebolla, espina de anchoa en tempura de arroz de Pals, calamares a la romana (en la mini barra), bombón de pichón a modo de bocata (en la mesita del centro) y Campari (en la mesita de la izquierda). Fabuloso.


[Memoria de un bar a las afueras de Girona]

Olivo, coral y tierra
Seguimos con los aperitivos sin bajar el nivel de sabor ni la capacidad de sorprender (que no es fácil, como estaréis comprobando). Helado de oliva verde, que colgaban de las ramas de un espectacular olivo. Nos advierten de la delicadeza con la que hay que "varear nuestro olivo" para degustar sus frutos.


[Helado de oliva verde]
A continuación, un coral con dos bocados deliciosos: un ceviche de dorada y una ostra yin-yang. ¿Por qué yin-yang? Por las dos salsas de ajo y ajo negro.

[El coral]
[Ceviche de dorada y ostra yin-yang]

Y terminamos con sabor a tierra: bombón de trufa y brioche de setas.

[Bombón de trufa]
[Brioche de setas]

Para no hacer este post demasiado largo (y para dejaros saborear los aperitivos) hacemos una pausa en la cena y seguiremos muy pronto con los once (sí, ¡once!) principales y los tres postres. No os vayáis muy lejos.