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martes, 16 de agosto de 2022

José Carlos García, la (re)cocina de Málaga

La estrella de José Carlos García sigue brillando en la capital desde el incomparable marco del Muelle Uno del puerto de la capital malagueña. Más de veinte años repitiendo como la única estrella Michelin de la capital de la Costa del Sol es mucho. Su cocina es andaluza y malagueña, ensalza el producto y se enriquece con toques de la alta cocina clásica.   

No hay exabruptos ni excentricidades sino elegancia y la sencillez de las cosas complejas. Mesas sin vestir que combinan con el local, donde lo vegetal gana espacio a lo industrial y reforzando la sensación de que el comedor es una suerte de selva. 

Los aperitivos del menú degustación incluyen parfait de ave-chocolate, olivas esferificadas y polvorón de pipas de girasol, el clásico de los clásicos de JCG.


Seguimos con pan artesano y dos cremas para untar y disfrutar del pan: zurrapa blanca y berenjena asada, elogio de la tradicional cocina andaluza, la del recuerdo y la memoria.

Nos vamos al mar --que tan cerca está del restaurante--, con tres bocados cargados de potencia y salinidad: erizo-manzana, tapioca, brioche de anguila y quisquillas-pimientos asados líquidos

JCG hace que los sabores malagueños resistan y toda Málaga se hace plato: ajoblanco-sardina, al que sigue el pescado marinado-pepino-mostaza, que cierra esta cuarta secuencia.

Tras la anterior secuencia de platos fríos de pescado, llega el bloque de principales marineros calientes:  pescado del día con beurre-blanc y lubina-gniquis de curry. 


Y rematamos el menú con el único plato de carne del menú: pichón-chirivía, en dos elaboraciones.

Tras los trece pases del menú llega el espacio dulce: torta de algarrobo --la tradición malagueña repensada, deconstruida, reconstruida, reinventada-- y yema-yogurt-zanahoria. Para cerrar con los petit-fours.

domingo, 14 de julio de 2019

Estamos de enhorabuena: el esperado regreso de Café de París

De principio de la década de los ochenta del siglo XX a finales de la segunda década del siglo XXI. De don José a José Carlos. De la cocina clásica internacional en un lujoso restaurante a una propuesta desenfadada y moderna que hunde sus raíces en la tradición. Mucho cambio pero un mismo apellido --García-- y una misma localización --calle Vélez-Málaga-- como firme sustento de calidad.

[El restaurante Café de París...]
[...vuelve a abrir sus puertas]

Dejaremos aparcados los avatares de cierres, aperturas y reaperturas, de dificultades y de incomprensibles e interminables obras en la calle para centrarnos en la alegría de poder contar por fin con Café de París dentro de la oferta gastronómica malagueña. Al igual que otros grandes del panorama culinario español --pienso en Andoni Luis Adúriz, Ricard Camarena, Dani García o Dabiz Muñoz, entre otros--, José Carlos García suma a su restaurante gastronómico, un segundo formato más informal, asequible y, si queremos, divertido, que acerca su cocina a más comensales, lo cual una gran noticia.

[Detalles del interior de Café de París]

Los aproximadamente cincuenta comensales de capacidad se pueden distribuir en diferentes espacios, en un local de decoración muy actual --aires asiáticos en las mesas, asientos de varios tipos-- y donde prima la comodidad del cliente.

[Carta]

Una carta breve que no llega a veinte platos (incluidos los tres postres) donde, a primera vista, destacan los productos marinos --bogavante, ostra, bonito, gamba, salmón, lubina...-- y ante la que es verdaderamente difícil decidirse. Manejamos dos opciones: el menú degustación de cinco platos que escoge el chef (en nuestro caso eran: ajoblanco-mango-plata y ostra-wakame de entrantes individuales; ensalada de salmón-pepino-mostaza y solomillo ibérico-pera-vino tinto para compartir; y nido-sorbete de lima-albahaca de postre) o pedir a la carta, que fue nuestra opción porque había algunos platos que realmente nos parecían tremendamente sugerentes.

Comenzamos con el bocado de lima-bonito-higos frescos que nos pareció espectacular. Tú eliges la cantidad de presencia del cítrico en el bocado (recomendamos que sea sutil, que se note pero que no enmascare el sabor del pescado y su sensacional macerado) en el que el bonito y los higos hacen una pareja perfecta.

[Lima-bonito-higos frescos]

Seguimos con otro plato igualmente magistral, el tartar de gamba con un sutil zumo de pimientos asados. Las gambas blancas fresquísimas en un corte muy adecuado que permite disfrutar de todo su sabor y un evocador jugo de pimientos asados que nos lleva a los chiringuitos o a esos mediodías al volver de clase y entrar en casa.

[Tartar de gambas-zumo de pimientos asados]

En el ecuador de la cena un risotto de navajas malagueñas y lemon-grass, uno de los culpables de que optáramos por carta en vez de menú ya que nos entró por los ojos desde el primer momento, y no nos equivocamos. Qué delicia de sabor a mar, qué elegancia.

[Rosotto de navajas-lemon grass]

Seguimos con lubina-naranja-jengibre. La sorprendente salsa de naranja y jengibre competía en protagonismo con las dos texturas del pescado: la jugosa carne y la crujiente piel con escamas de sal. El conjunto, sin duda brillante.

[Lubina-naranja-jengibre]

La única concesión que le hicimos al mar en nuestra cena fue el tartar de ternera con mostaza fuerte que macera la carne e inunda boca y nariz. Un bocado potente y fresco, muy adecuado para el verano.

[Tartar de ternera JCG-mostaza fuerte]

Es una inmensa alegría salir de Café de París sabiendo que ha llegado para quedarse y para enriquecer la Málaga gastronómica. Una cocina excepcional concebida para ser compartida y divertirse. Estamos de enhorabuena.

jueves, 1 de octubre de 2015

Mi experiencia en José Carlos García

Por fin he tenido ocasión de comer (disfrutar y deleitarme) en el Restaurante José Carlos García, establecimiento de referencia en mi ciudad, reconocido con una estrella Michelin y dos soles Repsol. El chef malagueño propone una cocina local, malagueña y andaluza, desde el atrevimiento y la vanguardia, con un producto de alta calidad con la que consigue sabores sorprendentes.

El local
Ubicado en el Muelle Uno, con el que Málaga ha conseguido, por fin, disfrutar de las maravillosas vistas de la ciudad, desde el Castillo de Gibralfaro hasta la nueva noria, pasando por la arboleda del Paseo del Parque, la Catedral o el edificio de La Equitativa, el restaurante ocupa un minimalista espacio acristalado que permite disfrutar de todo lo anteriormente descrito. El mimo se descubre en todos los detalles de la sala: desde las estrellas de mar decorando la mesa hasta un menaje que evoca lo natural.

Para abrir boca
Optamos por el menú degustación, que dio comienzo con cuatro aperitivos, con los que José Carlos nos abre las puertas de su cocina, donde destacan dos de sus iconos: el polvorón de semillas de girasol, elaborados con mandioca, y las sardinas-miso andaluz, donde se descubren los toques asiáticos.

[Presentación de los menús degustación] 
[Quisquilla con salsa de soja]
[Galleta salada con algas, caviar y crema de yogur]
[Polvorón de semillas de girasol]
[Sardinas-miso andaluz]

Sabor a mar
Desde mi punto de vista, este segundo bloque es el más potente y sorprendente. Destacan, a mi juicio, el taco de atún que se come envuelto en una hoja de cierto tipo de menta, a modo de taco; el salmón con salsa kabayaki (sabrosa salsa con base de soja y mirin, que habitualmente se usa en la cocina japonesa para glasear la anguila); y, sobre todo, el tiradito de vieiras con una vinagreta de cítricos y mostaza en grano, de potente sabor.

[Taco de atún "aliñao"]
[Salmón Kabayaki]
[Tiradito con cítricos y mostaza]

También tienen lugar en este bloque el malagueño gazpachuelo, que esconde una esfera elaborada con las cabezas de las gambas que el comensal ha de romper para fundir el sabor a marisco con el de la sopa malagueña por excelencia. Acompañamos este sabor a mar con una sobrasada vegetal, hecha a base de tomates y zanahoria, con piñones, a untar en panes artesanales.

[Gazpachuelo malagueño]
[Sobrasada vegetal]

Principales
Un pescado principal y dos de carne completan el menú: un delicioso lomo de merluza al vapor, con un caldito de ave, ajos tostados y almendra tostada rallada; cochinillo confitado; y mollejas de ternera glaseadas con guarnición de arroz salvaje, gel de Pico de gallo y un toque de miel.

[Lomo de merluza al vapor, con caldo de ave, ajos tostados y almendra]
[Cochinillo confitado]
[Mollejas de ternera glaseadas, arroz salvaje y Pico de gallo]

Terminamos con algo dulce
El toque dulce del menú degustación es de alta calidad. Los dos postres son sencillamente espectaculares: el dulce de zanahoria sobre tierra de caramelo y crema de chocolate blanco; y milhojas de caramelo con crema de chocolate especiada y chocolate blanco. Y para el café, unas golosinas: nube, chocolate blanco con hierbabuena y fresa y macaron de chocolate y avellanas.

[El mercado de las especias]
[Choco crujiente]
[Golosinas]