Entre los diseños que realiza encontramos algunos con motivos gastronómicos: ¿podéis ver dónde termina el maquillaje y dónde empieza la realidad? Os recomendamos que le echéis un vistazo a su perfil en Instagram y disfrutéis de ellos. ¡Están para comérselos! Y hay de todo: fruta, verduras, bocadillos, sushi, hamburguesas, pizza, marisco, ramen, perritos calientes, tartas... y hasta algo de beber.
miércoles, 15 de julio de 2020
Mimi Choi: maquillaje comestible
Hace un par de años compartíamos en Gastroasuntos las ilustraciones gastronómicas del diseñador Diego Cusano y hoy os presentamos a otra artista igualmente impactante: Mimi Choi es una maquilladora de la región china de Macao que destaca por sus trabajos tridimensionales, con toques surrealistas e hiperrealistas y, más que nada, verdaderamente inquietantes sobre la piel de sus modelos.
Entre los diseños que realiza encontramos algunos con motivos gastronómicos: ¿podéis ver dónde termina el maquillaje y dónde empieza la realidad? Os recomendamos que le echéis un vistazo a su perfil en Instagram y disfrutéis de ellos. ¡Están para comérselos! Y hay de todo: fruta, verduras, bocadillos, sushi, hamburguesas, pizza, marisco, ramen, perritos calientes, tartas... y hasta algo de beber.
Entre los diseños que realiza encontramos algunos con motivos gastronómicos: ¿podéis ver dónde termina el maquillaje y dónde empieza la realidad? Os recomendamos que le echéis un vistazo a su perfil en Instagram y disfrutéis de ellos. ¡Están para comérselos! Y hay de todo: fruta, verduras, bocadillos, sushi, hamburguesas, pizza, marisco, ramen, perritos calientes, tartas... y hasta algo de beber.
domingo, 3 de mayo de 2020
Gastroletras de Caitlin Moran
Irreverente, divertida, sorprendente, feminista, provocadora y visceral. Así es Caitlin Moran y así es su literatura. Cómo ser famosa es su última novela y, entre el britpop omnipresente, rescatamos este fragmento que nos ha parecido genial, hilarante y que muestra claramente el estilo de la autora. Todo gira alrededor de un solomillo navideño y de la pasión que un padre --verdaderamente peculiar-- siente por él. Disfrutadlo.
--Me temo que esto no va a pasar --dice Krissi, compungido, y le da otra calada al cigarrillo--. Mamá le ha hecho la cama en la caseta, es decir, ha tirado un saco de dormir encima del cortacésped y no ha comprado el solomillo.
--¿Que noha comprado el solomillo?
--No, no ha comprado el solomillo.
Esto sí que es una noticia bomba, un suceso insólito. Por razones que nunca nos han aclarado, para mi padre la Navidad consiste, esencialmente, en un gran homenaje al filete. Mi adre compra una pieza de solomillo y mi padre se pasa días marinándola con cariño, hirviéndola, cubriéndola de miel y especias y, por último, asándola. Es lo único que cocina en todo el año, la veneración del filete. Lo mima como se mima a un bebé. De hecho, como siempre señala mi madre con un odio alegre y festivo, "le ha dedicado más tiempo a esa carne del que jamás os ha dedicado a ninguno de vosotros".
Eso nos lleva a Krissi y a mí a confesarnos mutuamente que, cuando dijo eso, nos la imaginamos pariendo a cinco filetitos, todos con sus gorritos y sus peúcos de ganchillo, y que esa es una de las numerosas razones por las que nunca comemos del solomillo de mi padre: sería como comernos a un hermano.
La principal razón por la que no comemos de ahí es que nuestro padre no nos deja.
--Está demasiado rico, no es para cuervos --nos dice mientras lo envuelve delicadamente con papel de aluminio y lo mete en la nevera antes de gritar--: ¡Que a nadie se le ocurra tocar mi puto filete!
A lo largo de las fiestas, mi padre vive casi únicamente para el solomillo (que va acompañado de un surtido de chutneys) y, si entras en la cocina en cualquier momento del día, te lo encuentras encorvado sobre él, cortando una loncha, como un dragón encorvado sobre sus cerditos. Dado que el otro pilar de la dieta de mi padre es la fritada de beicon, salchichas y morcilla, podríamos afirmar que, en el mundo de los cerdos, viene a ser como Hitler: el responsable de un holocausto porcino a lo largo de décadas de monodieta a base de cerdo. Ah, y de chicharrones. También le encantan los chicharrones. Para él, "Los tres cerditos" no era un cuento infantil, sino un menú. Dios mío, cómo le llega a gustar el cerdo. El año que se me olvidó darle de comer a la perra y entró en la cocina y robó la carne que estaba en la encimera fue un año aciago.
"¡MI SOLOMILLO! ¡SE HA ZAMPADO MI PUTO SOLOMILLO!!, gritó mi padre, tan colérico que se le saltaban las lágrimas y se puso a pegarle a la perra con una escoba. Como era el segundo día de Navidad y las tiendas estaban cerradas, tuvo que coger el coche e ir a casa de mi tío Steve a pedirle un poco de filete de Navidad. Todos los Morrigan tienen un filete de Navidad. Es una tradición familiar.
Como podréis imaginar, la Navidad no despierta mucho entusiasmo. Mis padres siguen sin hablarse, el ambiente es muy tenso y mi padre constituye un riesgo considerable, porque no tienen nada que hacer.
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| [Moran, Cómo ser famosa, Anagrama] |
sábado, 4 de abril de 2020
Palabralogía gastro (y 2)
Hace unos días publicábamos la primera selección de fragmentos de la obra de divulgación sobre etimología del profesor Virgilio Ortega.
Thymus vulgaris (el thymum clásico dio tummum en latín vulgar y tomillo en castellano, con vulgaris indicando que es vulgar, 'común'), Melissa officinalis (la melissa es nuestra melisa y offcinalis indica que era una hierba que se guardaba en la officina [oficina] de los monasterios para preparar medicamentos y condimentos culinarios, que pudieran usarse en la culina o cocina). --Le gusta, ¿eh? --No me cansaría de leer: Daucus carota, la zanahoria (tan rica en carotenos), Triticum aestivum, el trigo (del latín triticum nos llega nuestra palabra trigo y aestivum indica que se cosecha en el estío, en el 'verano'), Alium sativum (con el latín alium se forma nuestro ajo, y sativum quiere decir que no es silvestre sino 'sembrado', 'cultivado'). --Sí, todas esas plantas son cultivadas. Lo cual demuestra la importancia de la agricultura para la alimentación humana desde hace miles de años.
--Ustedes han hecho una labor muy importante: han traído de América muchas plantas, algunas básicas en alimentación. Aquí tiene otra especia del género Solanum, como la patata: la Solanum lycopersicum, el tomate, que ya he introducido en mi Species plantarum. Los españoles no sólo han importado a Europa la planta, sino también su nombre, pues hoy se llama tomate en alemán y francés, tomato en inglés... y tomat en sueco. (Nosotros, los españoles, lo tomamos de náuatl tómatl desde poco después del descubrimiento de América.) --Y también --¡me atrevo yo a explicarle a él!-- el girasol, Helianthus annuus, cuyo nombre acaba de incluir en su obra: annuus porque es una planta anual, que germina, florece y muere cada año, como el trigo; y Helianthus procede del griego Helios, el 'sol', y athos, 'flor', ¡la flor del sol', como en inglés sun-flower.
El plátano es un árbol (no una hierba) que 'da sombra' y decora muchísimas calles de nuestras ciudades. Se llama 'plátano' porque tiene las hojas 'anchas', que es lo que en griego significa plat'ys, de donde procede nuestra palabra plátano, pero también esos peces anchos que son las platijas [...] En cambio, el banano es una planta herbácea (o sea, una hierba gigante, no un árbol) que produce las ricas bananas, cuyo nombre debieron de escuchar los marineros españoles y portugueses que bordeaban las costas africanas del Congo y que incorporaron a nuestra lengua.
domingo, 22 de marzo de 2020
Palabralogía gastro (1)
Virgilio Ortega, licenciado en Filosofía y Letras y director editorial de casas tan prestigiosas como Salvat, Plaza y Janés y Planeta DeAgostini, es autor de Palabralogía: la vida secreta de las palabras, una obra de divulgación en el que encontramos un ameno recorrido por la etimología de las palabras pero, a diferencia de otros trabajos de este tipo --que suelen ser diccionarios--, el autor los presenta histórica y temáticamente. Hemos rescatado para esta entrada algunos fragmentos que consideramos que pueden ser interesantes para los amantes de la gastronomía, por curiosos y sorprendentes.
En la antigua Grecia, pyramis era un tipo de pastel de harina de trigo (esta harina era pyrós, en griego) que tenía forma piramidal, por lo que los griegos, cuando vieron aquellos gigantescos pastees, no tuvieron otra ocurrencia que, por su analogía formal, llamarlos 'pirámides'.
Sueltan en la arena animales locales tan "pacíficos" como los jabalíes o los osos o bien animales exóticos como leones, panteras y tigres, y salen de cacería tras ellos con cazadores (venatores) que intentan matarlos a caballo o bien a pie con perros y armados con lanzas. Claro que también puede suceder lo contrario: lo del cazador cazado. El cazador sería su merienda (merenda es la comida extra 'que se ha merecido', por lo que se puede hacer entre horas).
Son los espectáculos de animales versus hombres. Digámoslo enseguida: los "juegos" en los que los animales se comen a los hombres. Antes de que se nos revuelvan las tripas, nos tomamos un tentempié, un piscolabis, latinajo que ha debido de crear un bromista barriobajero en latín macarrónico formando el futuro de un supuesto verbo piscolare para decir 'comer muy poco', 'comer una pizca', que, a su vez, vendría de pellizcar, 'coger entre el pulgar y el índice', como cuando pellizcas a un infante para hacerle cosquillas o cuando pellizcas las cuerdas de un instrumento en un pizzicato musical.
Pero ya estamos nerviosos por entrar. El espectáculo es gratis (gratis datum, 'dado de balde', graciosamente): ¡no va a pagar un civis, un ciudadano romano, con derecho de ciudadanía! No solo eso: además hay distribuciones gratuitas de comida. Por eso se habla (Juvenal) de "panem et circus"; no solo de circenses (espectáculos de circo y de gladiadores), sino también de panem (de pan), comida y diversión.
El espectáculo dura todo el día; empieza muy pronto y termina muy tarde. Hay espectáculos de cuatro tipos, en una gradación progresiva que va enalteciendo los ánimos y culmina en el arrebato final: animales contra animales, hombres contra animales, animales contra hombres y hombres contra hombres. Los dos primeros se celebran por la mañana, para ir abriendo el apetito (si petere es 'pedir', appetitus será 'lo pedido' por que se desea con avidez, 'lo que apetece'); el tercero al mediodía, como aperitivo (si aperire es 'abrir', aperitivus será 'lo que abre' el apetito).
Ayuno viene del latín jejunare, 'abstenerse de comer' y desayuno es lo contrario: terminado el ayuno nocturno, desayunaremos, comeremos.
Sapere aude! Olvídate de los antiguos y "atrévete a saber", como decía precisamente un antiguo. Pero a saber de verdad, mirando la naturaleza, no mirando los libros. Saber viene del latín sapere, tanto en el sentido de 'tener sabor' como en el de 'conocer' algo; aunque alcanzar la verdadera sabiduría te pueda causar algún sinsabor por lo duro que resulta.
En latín, tingere era teñir, 'empapar' una tela en líquido de color, por lo que tinctus era el tinte, la tinta, de donde nos viene desde el tintero hasta el vino tinto.
La patata fue domesticada en la zona de los Andes hace varios miles de años, pero los europeos no la descubrieron hasta el siglo XVI... y hoy es el cuarto producto alimenticio mundial, solo superado por el arroz, el trigo y el maíz. Esa palabra es el resultado de una confusión: en quechua se llama papa, y así se llamó también en español durante mucho tiempo... hasta que algún ignorante la confundió con la batata, que era como en el taíno de Haití se llamaba a otra planta de una familia totalmente distinta; y así la 'papa', por influencia de la 'batata' empezó a llamarse 'patata', error que "exportamos" al inglés potato o al italiano patata.
En cuanto al chocolate, era la bebida preferida de los aztecas... pero su etimología no está nada clara para los lingüistas. Simplificando las muchas teorías propuestas, podría ser que viniera del náhuatl xocoatl, 'bebida agria' (de xocot, 'agrio', y atl, 'bebida', 'agua'); en cambio, Corominas defiende que procede de pochótl, 'bebida de ceiba' y kakáwatl, 'bebida de cacao', pues se haría mezclando en partes iguales ambas bebidas, y luego los españoles simplificarían esa palabra resultante, pochó-kakáwaatl, en algo mucho más sencillos: chocohuatl.
miércoles, 4 de marzo de 2020
Una semana descubriendo la cocina israelí
A finales del pasado mes de febrero tuvimos ocasión de pasar una semana en Tierra Santa, en las zonas de Israel, Palestina y Cisjordania. Siete días entre Tel Aviv, Haifa, Belén, Jerusalén, Nazaret, Mar Muerto, Mar de Galilea... que nos dieron para intentar de entender el equilibrio religioso, histórico y político que se da en esa parte de Oriente Medio y para descubrir su gastronomía.
En líneas generales podemos decir que gastronomía israelí es una cocina mediterránea, muy similar a la cocina turca y a la marroquí, por tomar como referencia dos gastronomías muy reconocibles. Sigue punto por punto las características de la dieta mediterránea en cuanto a la abundancia de verduras, legumbres y cereales, aceite de oliva como grasa principal, poca carne roja, etc.
Las comidas suelen constar de varios platos fríos a base de verduras para compartir más un principal de carne o pescado. No faltan los encurtidos y algunas salsas. Entre estos platos que van al centro, destaca el omnipresente hummus, al que cada zona, restaurante o familia le da su toque (más o menos acidez, con un pimentón o sin él, con o sin un toque de aceite de oliva... y el pan de pita a modo de cubierto con el que degustar el hummus.
En la zona de Ginosar, donde encontramos el Lago de Tibreríades o Mar de Galilea, es muy típico el pez de San Pedro, que lleva el nombre de uno de los principales discípulos de Jesús, pescador en aquellas aguas. Según cuentan, desde la época de Jesús se ha pescado este pez que se come a la plancha o frito.
En Israel también podemos encontrar muchísimas marcas de cervezas, cada región tiene la suya propia así, por ejemplo, encontramos Taybeh y Shepherds en Palestina o Maccabee es zona israelí.
Al final de la comida, más que postre, es habitual tomar un pequeño bocado dulce, tipo baklava o mini merengues de coco y, por supuesto, los deliciosos dátiles junto a un café que, cuando entramos en la zona árabe, suele ser café con cardamomo.
Y en la calle, falafel
La comida callejera también merece algún comentario. En Jerusalén se ven puestos callejeros con unos panes de sésamo muy parecidos al simit turco y bollos de azafrán. Son muy populares los zumos de frutas, sobre todo, de granada. También encontramos en las zonas de mercado las tiendas de baklavas, especias, halva --unos bloques con frutos secos parecidos a nuestros turrones-- y, por supuesto, el falafel. Esta especie de croqueta de garbanzo se sirve dentro de un pan de pita con salsa de yogur y verduras y es una delicia y es propio de la zona árabe, como Belén.
Como veis, la gastronomía se suma a la lista de razones para visitar este lugar de tanto interés geopolítico, tanta historia, tanto arte y tanta espiritualidad.
En líneas generales podemos decir que gastronomía israelí es una cocina mediterránea, muy similar a la cocina turca y a la marroquí, por tomar como referencia dos gastronomías muy reconocibles. Sigue punto por punto las características de la dieta mediterránea en cuanto a la abundancia de verduras, legumbres y cereales, aceite de oliva como grasa principal, poca carne roja, etc.
Los platos fríos son principalmente ensaladas variadas donde predominan la col, la lombarda, los encurtidos --aceitunas, pepinillos--, la zanahoria, el pepino y las salsas con base de yogur. Entre las más populares, la ensalada israelí, muy parecida a nuestra pipirrana o picadillo --tomate, pepino, perejil, aceite de oliva, limón y especias-- y lo que llaman ensalada turca y que nos recuerda a nuestro pisto aunque frío, con cebolla cruda y picante.
El plato principal más popular es el pollo y el cordero. El pollo se elabora al horno, relleno de arroz o a la parrilla, mientras que el cordero puede ser asado, al horno o en las archiconocidas y deliciosas kuftas.
En Israel también podemos encontrar muchísimas marcas de cervezas, cada región tiene la suya propia así, por ejemplo, encontramos Taybeh y Shepherds en Palestina o Maccabee es zona israelí.
Y en la calle, falafel
La comida callejera también merece algún comentario. En Jerusalén se ven puestos callejeros con unos panes de sésamo muy parecidos al simit turco y bollos de azafrán. Son muy populares los zumos de frutas, sobre todo, de granada. También encontramos en las zonas de mercado las tiendas de baklavas, especias, halva --unos bloques con frutos secos parecidos a nuestros turrones-- y, por supuesto, el falafel. Esta especie de croqueta de garbanzo se sirve dentro de un pan de pita con salsa de yogur y verduras y es una delicia y es propio de la zona árabe, como Belén.
Shakshuka, el desayuno israelí
En Tel Aviv y Nazaret pudimos probar algunas de las comidas más habituales en los copiosos desayunos israelíes, como la shakshuka: una base de tomate, cebolla, ajo, perejil y picante sobre la que se estrellan unos huevos. También probamos el mutabaqq --empanadillas de pasta filo rellenas de queso tipo ricotta-- y las bourekas, parecidas pero rellenas de patata con sésamo. También dimos cuenta del labneh, un queso que se elabora a partir del yogur.
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