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martes, 5 de diciembre de 2023

La bodega de Ola, alta cocina informal con la firma de Berasategui

En los bajos del hotel Tayko de Bilbao se encuentra La bodega de Ola, que se define como platos de alta cocina concebidos para compartir. Con ambiente de bodega informal pero con el sello de calidad de la cocina de Martín Berasategui, cuyo abanico de locales no para de crecer. La bodega de Ola es el hermano pequeño de Ola Martín Berasategui que, con una estrella Michelin, es el restaurante gastronómico del chef gipuzcoano en Bilbao y que se ubica en el mismo espacio, solo que en la primera planta.


El local tiene el típico aspecto industrial, con paredes de ladrillo vivo, pilares de hormigón, tubos a la vista... y cuenta con unas ocho o diez mesas más la barra. Hay un menú degustación y una carta corta pero bastante completa, donde encontramos clásicos de la tradición vasca y vizcaína así como propuestas más vanguardistas, y que se basa en los productos de temporada. Nosotros comenzamos con unos grillos, el pintxo más bilbaino, y seguimos con unas alcachofas fritas.


En esta cena compartida para tres personas, nos apetecían platos marineros, por lo que continuamos con el carpaccio de carabineros y un arroz con almejas, ambos platos riquísimos.


Y, haciendo caso a la propuesta del pescado del día fuer de carta, compartimos una sabrosa lubina a la sal, acompañada de ensalada y patatas.


Y como siempre queda hueco para el dulce, optamos por el chocolate al horno con crema helada de canela y caramelo, una buena opción para terminar el menú.

Si bien se deja notar la mano de Berasategui, nos gusta este concepto de gastrobar informal donde el producto y la tradición están por encima de la técnica y que sirve para acercar al chef con más macarones de la Guía Michelin España a la gente.

miércoles, 14 de junio de 2023

Brasas más producto: Horma Ondo

La historia del asador Horma Ondo es una historia de amor, el amor a la tierra, el amor a las brasas y el amor de la familia, la de Mikel Bustinza y su mujer Jayne Hardcastle, una inglesa criada en Ibiza que está a los mandos de la cocina juntos a su hijo Jon, mientras que su hija Olatz dirige la sumillería y se encarga junto a su padre de la sala.


No hay magia, solo un producto de enorme calidad y de proximidad y un control absoluto del fuego en una parrilla de cinco metros, que les ha hecho ser uno de los asadores de referencia. Situado a escasos 15 minutos de Bilbao, en Larrabetxu, en una imponente casería desde el que se disfruta de unas preciosas vistas al Valle de Asúa, es poseedor de un sol Repsol, un reconocimiento a la sencillez y la calidad.


De aperitivo, qué mejor que un caldo y patata brava y de entrantes unos hongos "Boletus Pinícola" a la brasa con salsa Perigord y unas deliciosas croquetas de jamón ibérico a la brasa.


Seguimos con unos espárragos naturales de Navarra con crema de leche de almendra, un bocado muy fino y muy elegante.


Y un sublime huevo de caserío escalfado con puré de patatas braseado, pimientos rojos asados a la leña de haya y aceite de trufa blanca, lleno de sabor y untuosidad.


Como principal, solomillo de ganado mayor a la brasa, acompañado por una ensalada de lechuga y cebolla.


Los postres también merecen una mención: tanto la torrija a la brasa con helado de almendra como la cuajada de leche de oveja natural como la alternativa a que nos dieron para un comensal con intolerancia a la lactosa: naranja a la brasa con sorbete de mango.

lunes, 11 de noviembre de 2019

Amaren, un asador de los de verdad

Amaren no es un asador cualquiera o, mejor dicho, no es solo un asador. Ganador del premio a la Mejor parrilla en la última San Sebastián Gastronomika, también puede presumir de haber sido reconocido, en 2017, como la mejor barra de pintxos del centro de Bilbao. Ojo, hablamos de un restaurante que abrió sus puertas en 2016. 


Destaca, naturalmente, por los chuletones. La carta es verdaderamente interesante, con las referencias a la procedencia, la raza, la fecha de sacrificio, el peso y el precio en la ficha de cada uno. Domingo a mediodía, día de fútbol. El Athletic jugaba contra el Valladolid a las 18:00 y, a las 14:30, bilbaínos y pucelanos compartían chuletones en el Amaren.


Nosotros, que estuvimos en Bilbao solo unas horas, en nuestra escapada a San Sebastián para cenar en el restaurante Martín Berasategui, optamos por algo un poco más ligero. Compartimos un par de entrantes: un sensacional pulpo dos cocciones acabado en brasa, espuma de patata y pimentón de la Vera y una maravillosa morcilla de arroz artesana, con pimientos del piquillo asados al carbón y un mermelada de los propios pimientos. En estos dos platos se ve claramente el manejo y el dominio de las brasas de Amaren.


Y también compartimos el solomillo de nuestros bueyes, hongos confitados y patata parmentier. Excelente.


De postre, probamos el tiramisú Amaren con helado de galleta María y la tarta templada de queso al horno con su mousse. Ambos muy ricos.


Creo que aprovechamos bien las poquitas horas en el Botxo para visitar el Museo de Bellas Artes y conocer el restaurante Amaren, en el número 1 de la calle Diputación, donde disfrutamos de esta excelente comida.

viernes, 9 de noviembre de 2018

Azurmendi, el restaurante comprometido (y 2)

Habíamos dejado nuestro relato con la hoja de otoño, punto de inflexión entre los aperitivos disfrutamos en el patio, la cocina y el invernadero y el menú que está a punto de comenzar. Ante nosotros dos alternativas: el menú Erroak --Raíces-- y el menú Adarrak --Ramas--, bastante similares y equilibrados.

[Menús]


Optamos por el primero, por detalles, y porque siempre nos han seducido las raíces, origen de todo. Estos momentos están acompañados por un riquísimo champagne de Étienne Calsac, que degustamos mientras toda la maquinaria de sala se pone en marcha con precisión y perfección.

El mirador
Seguimos con cuatro entrantes, muy de temporada, por supuesto, y comunes a ambos menús: setas, alubias, limó-grass y txakolí marino, a saber: sobre un polvo de setas, praliné de setas y palitos de chocolate; las alubias no son alubias sino esferificaciones vegetales --de puerro y calabaza-- y de morcilla, a las que se añade un potente concentrado, esta vez sí, de alubias; limón de Bakio abierto relleno de foie gras y miel (tal vez un poco pesado para un entrante); el txakolí de bienvenida, esta vez infusionado con algas.

[Setas]
[Alubias]
[Limón-grass]
[Txakolí marino]

No por obvio debemos dejar pasar la cuestión estética. Llegados a este punto del relato, habréis podido daros cuenta de la exquisitez, la delicadeza y el buen gusto en la presentación de todos y cada uno de los bocados. Desde el menaje hasta la variedad de presentaciones pasando por los colores, las formas, los espacios... todo tiene un sentido, todo tiene un valor.

Menú Erroak
El menú Erroak comienza con unas sensacionales quisquillas sobre gel vegetal y granizado de tomate "viejo". Sabor intenso, contraste de texturas y de temperaturas. 

[Quisquillas, gel vegetal y granizado de tomate "viejo"]

Continuamos con varias elaboraciones a partir de un mismo producto, algo habitual en la cocina de Eneko Atxa. En este caso, el protagonista indiscutible es el erizo, que explora y explota para brindárnoslo en un buñuelo con caviar, al natural con aire del propio erizo y, por último, su propia emulsión. Erizo sólido, erizo líquido, erizo gaseoso.

[Buñuelo de erizo con caviar]
[Caviar al natural con aire de erizo]
[Emulsión de erizo]
[Cuvée Prestige, Jean Francois Ganivat]

La armonía para estos dos primeros platos fue un vino francés de la región de Jura, un Cuvée Prestige de Jean Francois Ganivat muy parecido al fino, ya que también le aparece un velo que lo protege de la oxidación.

Continuamos con otro plato espectacular con un protagonista humilde elevado a los altares por obra y gracia de la cocina de Eneko Atxa: la coliflor. Bizcocho de coliflor, crujientes de coliflor y cremoso de coliflor, culminadas y potenciadas con trufa negra rallada al momento.

[Coliflor en texturas y trufa]

De la humildad de la coliflor pasamos a la elegancia y categoría del abacanto --o bogavante-- que se deconstruye y se reconstruye: asado, descascarillado, crocante y con su mayonesa. Estética, sabor, textura y finura. Para acompañar estos dos platos, el equipo de sumillería eligió un vino blanco austríaco: Grüner Veltliner Loiser 1986.

[Abacanto asado, descascarillado, crocante y su mayonesa]
[Grüner Veltliner Loiser 1986]

Y si de raíces vascas y de otoño hablamos, son imprescindibles las setas. Sensacional plato en el que las setas "al ajillo" se presentan como una suerte de filamentos parecidos a los fideos chinos custodiados por dos yemas de huevo en tempura con grasa de ibéricos, mayonesa de setas y flor de ajo. Sublime.

Tras las setas, el último plato de pescado: rape en costra de ibérico, aire de mantequilla, caldo de legumbres y uva encurtida. De nuevo, se aprecia cómo la técnica está al servicio de una materia prima de calidad, de proximidad y de temporada, protagonistas absolutos de los platos.

[Setas "al ajillo"]
[Rape en costra de ibérico, aire de mantequilla,
caldo de legumbres y uvas encurtidas]
[Viña Ardanza Reserva 1986]

Después de Francia y Austria, aterrizamos en Haro (D.O. La Rioja) con un fabuloso blanco seco de Viña Ardanza Reserva 1986, probablemente la estrella del maridaje corto que solicitamos. El equipo de sumillería atendió nuestra solicitud de una armonía con menos vinos, que se materializó en un vino para cada dos platos. Dicha dificultad --encontrar un caldo para cada dos bocados, con las diferencias que hay entre ellos-- se sumaba a la propia de la cocina de Atxa, que consigue sacar platos verdaderamente redondos, completos, perfectos... pero es de reconocer la labor y la gran selección de vinos que nos brindaron, siempre buscando vinos que consiguieran aportar algo a cada plato y que nos sorprendieran por su exclusividad.

El momento de las carnes se abrió con pichón asado, deshuesado, vegetales de temporada --asados a la llama-- y tosta de sus interiores, sobre una salsa concentrada de berenjenas y acompañado de foie. Y continuó, para cerrar los platos salados, con un bocado --literalmente-- verdaderamente sorprendente: rabito de cerdo guisado y anchoa de Bermeo. Ante este tipo de platos siempre pienso cuál ha sido el proceso de reflexión y creación, cómo han llegado a esa combinación de sabores... sea cual sea ese proceso, gracias por haberlo conseguido. Para los dos platos de carne, seguimos en Haro, seguimos con Rioja y no nos movemos de los años ochenta, para dar con un Viña Real Reserva 1987.

[Pichón asado, deshuesado, vegetales de temporada
y tosta de sus interiores]
[Rabito de cerdo guisado y anchoa de Bermeo]
[Viña Real Reserva 1987]

Llega el momento dulce del menú. A modo de pre-postre un sorbete frutos rojos como aviso de lo que se avecinaba. Habíamos pedido hacer un cambio entre dos postres de los dos menús, pero tuvieron la deferencia y el detalle de traernos uno de cada para probar ambos, que fueron los que llegaron primero: aguacate y mango con helado de lima y ciertas notas picantes (del menú Adarrak) y frutos rojos, albahaca y helado de queso de Etxano (del menú Erroak). Frescos, divertidos, equilibrados. ricos.

[Sorbete de frutos rojos]
[Aguacate y mango]
[Frutos rojos, albahaca y helado de queso de Etxano]

El tercer postre, coco, ron y jengibre, se presenta en dos momentos: agua de coco con flores y el cremoso de coco sobre virutas de chocolate y granizado de ron y jengibre con cilantro, sabores poco habituales para un postre pero de una potencia asombrosas, deliciosas. Y terminamos con chocolate, cacahuete y regaliz, una combinación que no falla y que, de algún modo, nos evocó a la infancia.

[Coco, ron y jengibre]
[Chocolate, cacahuete y regaliz]

Para los postres, una rareza: Malus Mama, sidra de hielo. Sin ser un vino dulce, se comporta como tal. Equilibra la dulzura y la acidez de un modo magistral. Inolvidable.

[Malus Mama 2011]

Pero todavía quedaba la sorpresa de los petit fours. A medio camino entre un joyero y una caja mágica, empezaron a abrirse cajones y a desplegarse bandejas de los que aparecían gominolas --de mango y curry y de frutos rojos--, bombones --de chocolate y limón, de chocolate y vino tinto--, macarons --de fresa y menta--, piruletas y esponjas...  ¡solo faltaba Willy Wonka!

[Petit fours]

Quiero terminar como empecé e insistiendo en el compromiso de Eneko Atxa que, gracias a la filosofía Jaki(n), ha hecho de Azurmendi un restaurante de referencia en cuanto a la sostenibilidad. A ello suma un profundo conocimiento y un mayor respeto por las materias primas y sus recolectores y productores, una excepcional técnica al servicio del protagonista indiscutible: el sabor, y un objetivo que alcanza plenamente: hacer que el comensal disfrute.