miércoles, 9 de diciembre de 2020

18 manías gastronómicas. ¿Cuál es la tuya? (2/3)

En esta segunda entrada de la serie sobre manías gastronómicas os presentamos seis hábitos más con los que esperamos que os sintáis identificados o, al menos, se os dibuje una sonrisa pensando en alguien. 


Con frecuencia, muchísima frecuencia, no esperamos a que suene la campana que indica de que el tiempo que hemos marcado para calentar la leche o la comida sino que cuando la inspiración divina nos dice que ya está, bien abrimos la puerta bien giramos la rueda hasta que forzamos el aviso acústico.  ¿Tú también lo haces?


A mí también me fastidia que me huelan las manos a mandarina durante horas pero, ¿acaso no es eso mejor a que te huelan a lejía después de limpiar el baño? Pero si piensan que lo del olor a mandarina es una locura, ¡cuánto peor es el que no como espetos de sardinas con la misma excusa del olor en los dedos! ¿Hay algunos olores que os "impiden" comer algunos alimentos, aunque os gusten?


Este es un gran clásico en la mesa de una boda, ¿o no? Nos sentamos y observamos las copas y los cubiertos, leemos la tarjeta con el menú y empezamos a imaginarnos qué será cada plato... y el platito con el pan: uno a la izquierda y otro a la derecha. Miradas de reojo a uno y otro lado, esperando que alguien dé el primer paso, coja un pan y, entonces, sea lo protocolario o no --el nuestro es el de la izquierda, por cierto--, ya sabemos cuál será el nuestro. 


Además de ir a hacer la compra con lista o sin lista, de mirar la fecha de caducidad o de leer los ingredientes de los productos, hay otro factor que tengo en cuenta a la hora de comprar: no coger los de la primera fila. Me ocurre también en las librerías: cuando encuentro el libro que quiero, nunca cojo el primero de la pila. Nadie los ha abierto ni los ha tocado, la banda no está arrugada ni hay páginas con las esquinas dobladas. Con los productos del supermercado no ocurre nada de eso. Es una manía, sí, aunque dicho sea de paso: en las primeras filas están los que tiene fecha de caducidad más próxima, claro.


Ha llegado la época del año en que las casas se llenan de dulces: turrones, peladillas, mazapanes, hojaldrinas, bolitas de coco y, claro, mantecados y polvorones. Sobre estos últimos hay quienes tienen el hábito de aplastarlos como una croqueta, cerrar el puño repetidas veces para que, al abrirlo, esté más compacto y el ajonjolí esté bien pegado a la masa. En el otro extremo nos encontramos los que desenvuelven el mantecado y lo trocean sin importarle que se desmorone porque, al final, las migas y el ajonjolí restante se lo comerán utilizando el envoltorio a modo de tubito. ¿De quién eres tú?   

¡No lo tires que ahí está el alimento! Lo de tirar el suero del yogur me recuerda siempre a las prisas en beberse el zumo de naranja para que "no se vayan las vitaminas". Supongo que hay dos tipos de persona: los que tiran el suero del yogur o los que lo mueven integrándolo todo. Sea lo que sea, es una decisión que toda persona ha de tomar en su vida, como con los mantecados.

sábado, 5 de diciembre de 2020

18 manías gastronómicas. ¿Cuál es la tuya? (1/3)

El hecho gastronómico está cuajado de hábitos aprendido de pequeños, de convenciones sociales, de protocolos y etiquetas, de costumbres culturales... pero también de impulsos y sensaciones, de esas cosas que "no se deben hacer" pero que, en la intimidad de la casa, seguimos haciendo porque nos apetece y porque las disfrutamos. ¿En qué momento esas costumbres se pueden llamar manías? Supongo que cada uno tiene el umbral en un lugar... Hemos recogido dieciocho manías-costumbres-hábitos. ¿Os veis identificados en alguna(s) de ella(s)? 


Eso no lo hagas cuando comas fuera, me decían, pero... es que es tan cómodo comer así. Cortamos el filete y luego todo es pinchar y comer. ¿Lo habéis hecho o lo seguís haciendo ahora? ¿Alguno, incluso, se hace mini-bocadillos con esos trocitos? Yo recuerdo que me hacía mini-bocatas con patatas fritas o con el pollo...


Lo confieso... y lo hago (casi) sin ningún pudor. Reconozco que cuando en casa hay puchero o salmorejo, me lo como de segundo. ¡Me gustan tanto esos dos platos! De pequeño, me dejaba las patatas fritas para el final. Mis amigos recuerdan cuando, en el restaurante Óleo, en lugar de postre opté por terminar la cena con una pieza de nigiri aburi de solomillo de buey trufado. 


Café con leche y mollete con aceite de oliva y tomate. Cuando no hay mollete, pifuto. Si no hay tomate, solo aceite o mantequilla. Pero, siempre, siempre, reservo el último buche de café como broche de oro de la primera comida del día.


Es una tentación a la que es muy difícil resistirse: comprar una barra de pan recién hecha y conseguir hacer el trayecto de la panadería a la casa con esa pieza calentita sin pellizcar la punta y llevársela a la boca. Recuerdo con enorme cariño como Conchi, amiga de la familia y como una segunda madre para mí, cuando yo era pequeño y volvía del trabajo y mi madre y ella iban a la parada del autobús a recogernos y venían con la compra, me apartaba y, con un guiño, me decía: ¿Quieres "la tetilla"? Yo asentía (hambriento, como siempre) y ella me daba ese pellizquito de pan mientras mi madre le decía que no me diera nada... que íbamos a comer ya.


En un restaurante hay muchos lugares comunes. Hay quien no soporta tener que pedir la bebida primero y luego la comida porque cuando llega esta última ya no queda nada de la primera. Hay quien tiene la costumbre de, cuando el camarero pregunta la bebida, espera a ser el último para estar en sintonía con los demás, plegando su gusto a la situación social. Y hay otro perfil: el organizador. El que coordina las bebidas: ¿vamos a vino?, ¿empezamos por cerveza y luego pasamos al vino?, ¿pedimos una botella en vez de copas?, ¿vamos a blanco o a tinto?


Si no hay una persona a la que no le gusta el sushi en un grupo de amigos es que algo falla en esa amistad. Cierto es que cada vez es menos común la concepción del sushi como "pescado crudo" y que se ha popularizado este icono de la gastronomía japonesa pero no es menos verdad que se sigue escuchando eso de "vamos a aprovechar que Fulanito no viene para ir a comer sushi", ¿o no? La solución es ponerse con el pico y la pala hasta convencer a esa persona de que lo pruebe. Cuando lo haga, lo habremos ganado para la causa. 

sábado, 7 de noviembre de 2020

La Revuelta: las locuras de Arnault

Llama y haz una reserva, porque el local es pequeño. Aparca, siéntate y disfruta de las locuras que haya preparado Arnault Scheidhauer esa semana. ¿Influencias japonesas? ¿Guiños a la cocina peruana? ¿Vuelta a sus raíces francesas? ¡Qué más da! En cada plato hay experiencia, conocimiento, destreza y sabor.

En esta minúscula cocina se cocina con mayúsculas. El servicio, a cargo de Marta, es igualmente impecable: cercano y certero, como certera fue la recomendación del López Cristóbal Roble 2019 de la Finca La Linde (D.O.Ribera del Duero) con el que comimos en nuestra reciente visita y que comenzamos con las patatas bravas La Revuelta, con una salsa bastante cítrica a base con kimchee y pimentón y daikon rallado para refrescar y darle contraste de sabores, temperaturas y texturas.

Tacos
Los platos, en gran parte, son fruto de sus viajes --por una parte-- y del talento creativo --por otra--, a lo que se suman dos elementos indispensables: una materia prima de alto nivel y la adaptación al espacio de la cocina. Insistimos en ello, ya lo sabemos, pero es ejemplar el resultado que consigue en tan escasos metros. 

Probamos los dos tacos que había en carta: el de pescado especiado y rebozado, salsa raita y cevichito de verduras, un punto de encuentro entre Latinoamérica e India; y el de morcillo de vaca estofado, chipotle y hierbas.

Sanguchitos
El sanguchito es un bocadillo uruguayo (entre otros países latinoamericanos) que en La Revuelta lo preparan con nuestro mollete. El sanguchito tigre lleva langostinos tigre en tempura, verduras frescas, daikon aliñado, salsa cremosa de kimchee y pico de gallo. ¡España, Japón, Uruguay y Corea en un bocata! También probamos el sanguchito limeño, con cabezal de lomo deshilachado, salsa huancaina, cebolla encurtida y hierbas frescas. Igualmente sorprendente.

Ramen... no ramen
En carta teníamos un ramen seco de pato asado que, cuando lo pedimos, nos informaron que estaban haciendo pruebas con el plato y sirviéndolo con arroz (tipo sushi). El pato va con salsa hoisin al umeboshi (variedad de ciruela japonesa encurtida), pepino encurtido y algas.

Chocolate
Rematamos con un clásico brownie de chocolate con helado y pistachos. Una gran forma de terminar la comida.


Es una maravilla que exista un rincón como este en pleno barrio de El Palo: entre nuestros queridos y amados espetos, boquerones, berenjenas con miel y ensaladilla de pimientos asados, hay una puerta a la magia. Si al talento le sumas la libertad que da el conocimiento, tienes esta bendita locura que muta cada pocos días la piel manteniendo su esencia inalterable. Volveremos a dejarnos sorprender. 

miércoles, 30 de septiembre de 2020

No están todos los que son pero sí son todos los que están

Cuando conoces a una persona que declara su amor incondicional por tu tierra no puedes más que entregarte a ella y corresponder su pasión ayudándola a descubrir sus secretos, sus rincones, sus olores, sus personajes, sus historias, sus costumbres y, por supuesto, sus sabores: los de siempre y los más novedosos. Eso fue lo que intentamos hacer hace unos días durante su visita. El tiempo es limitado por lo que no están todos los que son pero sí que son todos que están. Quedan muchos, lo sé, que dejamos para próximas --y esperemos que prontas-- visitas.

Clásicos
Podríamos hacer una diferenciación entre la gastronomía más tradicional de Málaga y la más creativa o vanguardista. En estos días no han faltado los espetos de sardinas y el pescaíto frito en Pedregalejo, el arroz con mariscos en Huelin o las zamburiñas y las navajas en Los Delfines


Y si de casas de comida con solera hablamos, cómo no disfrutar de una buena comida en La Cosmopolita, capitaneada por Dani Carnero, en la que disfrutamos de la mítica ensaladilla rusa con taquitos de jamón, del sensacional steak tartar y de la clásica tortilla con txangurro al oloroso.



Creativos
Entre los restaurantes que marcan tendencia en la Málaga gastronómica desde hace unos años dimos cuenta de las antológicas patatas bravas con espuma de kimchi y lima, de las sensacionales gambitas blancas con su jugo cítrico y ají amarillo y del pulpo con crema de algas y cristal de soja rematado por la tarta de queso Payoyo que elaboran Cristina y Diego en el restaurante Palodú.


También hicimos una visita a José Antonio en Alexso para dejarnos sorprender por el huevo frito invisible y disfrutar de todo un clásico moderno: el ajoblanco malagueño con carpaccio de gamba blanca y sorbete de mango, la tradición versionada. Y el arroz negro y el bacalao y el cochinillo...


Y, por supuesto, nos deleitamos en Óleo tras visitar la exposición del CAC donde disfrutamos de una oda a la fusión a partir de un producto local de alta calidad: ceviche de jurel malagueño sobre lima, vinagreta de jengibre, ajo y soja. Perú, Japón y Málaga en un bocado. Tras ese comienzo, un magistra tartar: fuera de carta y fuera de serie y diversas piezas de sushi de vieiras, de langostinos en tempura, de pez limón, y, claro, el nigiri aburi de solomillo trufado no puede faltar en cada visita y no faltó en esta ocasión. Rematamos con el mini babybel, su divertida versión de la tarta de queso.


Ya estoy contando los días para el próximo reencuentro: la ruta culinaria por Málaga no ha hecho más que empezar.

jueves, 27 de agosto de 2020

Gastroescapada a Ávila

Ciudad amurallda, cuna de místicos, Patrimonio de la Humanidad y, como ocurre en toda Castilla y León, capital gastronómica en la que destaca el gran producto y la tradición centenaria a lo que se van sumando, como en casi todo el mundo, las tendencias culinarias más actuales. Hace unos días tuvimos ocasión de hacer una escapada a esta preciosa ciudad para comprobarlo.

A pasear por las calles de Ávila te vas encontrando con sus más ilustres conciudadanos --Santa Teresa de Jesús, Tomás Luis de Vitoria, San Juan de la Cruz, Adolfo Suárez-- y constantemente te vas reencontrando con las mismas calles, las mismas plazas, los mismos rincones... Al pasear por las calles de Ávila se detiene el tiempo porque tiene una suerte de magia que te atrapa (o igual era yo, quién sabe, o quien me acompañaba). Las imponentes murallas medievales, los contrastes de sol y sombras, los campanarios con nidos de cigüeñas, los templos románicos y góticos, los parques, las terrazas... y la comida, por supuesto.

Comida
Restaurante Alcaravea Plaza de la Catedral, 15
Para la comida optamos por uno de los clásicos de la ciudad, el restaurante Alcaravea, situado en la céntrica Plaza de la Catedral del Salvador y que ofrece los grandes platos de la cocina abulense: patatas revolconas, judías del Barco, chuletón de Ávila...

Como aperitivo nos ofrecieron un verdaderamente delicioso gazpacho de remolacha, muy adecuado para la temporada estival y un claro ejemplo de cómo se va actualizando la gastronomía tradicional sin distorsionarla. Honestamente, nos habríamos tomado un buen cuenco de este gazpacho.

[Restaurante Alcaravea]
[Gazpacho de remolacha]

Como entrante compartimos unas espectaculares mollejas de lechal guisadas sobre patatas paja con yema confitada. A la perfecta elaboración se sumaba una elegante presentación en las que las patatas paja caseras formaban un nido en el que el guiso de mollejas quedaba bien recogido y al que la yema le aportaba una untuosidad excelente. Un gran plato.

[Mollejas de lechal]

Y, por supuesto, el chuletón de Ávila (I.G.P. Carne de Ávila). ¡Qué decir de esta chuletón, qué descubrir a esta altura! Cerca de un kilo de carne al punto, tierna, sabrosa, jugosa... imprescindible.

[Chuletón de Ávila]

De postre, optamos por una espuma de cuajada con miel para acompañar al café. Si al entorno y a la cocina se le unen un buen servicio, la experiencia es más que recomendable. 

[Espuma de cuajada]

Cena
Taberna de los Verdugo López Núñez, 6
La cena preferimos hacerla más ligera (al menos esa era nuestra intención) y a base de compartir raciones o tapas, por lo que elegimos la Taberna de los Verdugo y podemos decir que fue una gran opción. 

A modo de anécdota hay que decir que la denominación de algunos platos en la carta no se correspondía con exactamente con lo que nos sirvieron. ¿Cuestión de semántica? Puede ser, pero esto sirvió para que nos pasáramos un rato muy divertido y no desmerece, ni mucho menos, la buena mano de la cocina.

De aperitivos nos trajeron unos bocaditos o saquitos de queso y comenzamos la cena con una ensalada de carpaccio de vieiras. Fue el único plato que no nos convenció del todo ya que el aliño escondía el sabor de las vieiras, al vez demasiado frías además.

[Bocadito de queso]
[Ensalada de carpaccio de vieiras]

Seguimos con unos croquetones de carabinero con ali oli de ajo negro que estaban realmente buenos, ración que dividieron en porciones individuales de dos croquetas por comensal.

[Croquetones de carabinero]

Un excelente plato fue con el que cerramos la comida: el sashimi de salmón con leche de tigre se acercaba más a un cebiche, con patata morada en dos texturas, cebolla morada y una leche de tigre verdaderamente bien ejecutada y sabrosa, con potencia cítrica. De postre, un mousse de limón a modo de tartaleta, bastante fresco y sabroso. 

[Sashimi de salmón con leche de tigre]

[Mousse de limón]

Y para aprovechar la visita, nos llevamos para casa unas yemas y unas galletas de membrillo de Santa Teresa para endulzar el regreso y redondear la experiencia gastronómica abulense. 

jueves, 23 de julio de 2020

¿Cuánto sabes de gastronomía latinoamericana? ¡Juega!

Hace ya tiempo publiqué un juego sobre cocina internacional por lo que se me ha ocurrido crear otro sobre gastronomía latinoamericana, que esconde platos, ingredientes, sabores, aromas y colores de gran potencia e intensidad que esperan ser descubiertos. ¿Te animas a jugar?

Si respondes correctamente a cada una de las diez preguntas, pasarás a la siguiente. Pero si fallas, nuestros dos amigos se darán golpes en la cabeza. Cierra la ventana donde los chicos están lamentándose y vuelve a intentarlo. ¡Suerte! Esperamos que te guste.



miércoles, 15 de julio de 2020

Mimi Choi: maquillaje comestible

Hace un par de años compartíamos en Gastroasuntos las ilustraciones gastronómicas del diseñador Diego Cusano y hoy os presentamos a otra artista igualmente impactante: Mimi Choi es una maquilladora de la región china de Macao que destaca por sus trabajos tridimensionales, con toques surrealistas e hiperrealistas y, más que nada, verdaderamente inquietantes sobre la piel de sus modelos.

Entre los diseños que realiza encontramos algunos con motivos gastronómicos: ¿podéis ver dónde termina el maquillaje y dónde empieza la realidad? Os recomendamos que le echéis un vistazo a su perfil en Instagram y disfrutéis de ellos. ¡Están para comérselos! Y hay de todo: fruta, verduras, bocadillos, sushi, hamburguesas, pizza, marisco, ramen, perritos calientes, tartas... y hasta algo de beber.