miércoles, 9 de enero de 2019

Doramar Puerto, la alternativa marinera del Soho

La tradición marinera de Málaga entre arte urbano, barber shops, tatoo studios y cereal bars, así podríamos resumir la presencia de Doramar Puerto en el Soho. Hace cinco años, Antonio Rivera y Rafael Aguilar decidieron abrir su segundo restaurante --el original, el Málaga Doramar de Ciudad Jardín, se inauguró en el olímpico año de 1992-- con las mismas premisas: producto de calidad y cocina honesta.


En el interior todavía se descubre la decoración del anterior local --Gaudí-- pero poco de modernismo encontramos en su propuesta gastronómica, donde el marisco, el pescado y los arroces tienen un protagonismo absoluto.

Como en todos los sitios hay que probar la ensaladilla rusa, por ahí comenzamos nuestra comida: rematada con pimientos asados está muy rica aunque tal vez demasiado fría. Cuestión de gustos. Las alcachofas a la plancha son excelentes: tiernas y con el punto de cocción perfectas son un elegante entrante.

[Ensaladilla rusa]
[Alcachofas a la plancha]

Tras estos dos entrantes decidimos meternos en el mar. Y si de mar y de Málaga hablamos, imprescindibles son las conchas finas: frescas y muy sabrosas. Seguimos con gambas y navajas a la plancha, de buen calibre. Las gambas tenían ese punto de cocción mínimo que permite apreciar el sabor y la frescura del crustáceo en todo su esplendor.

[Conchas finas]
[Gambas a la plancha]
[Navajas a la plancha]

De principal optamos por el sensacional arroz caldoso, de profundo sabor marinero con almejas, calamaritos, gambitas... una gran elección para los días fríos.

[Arroz caldoso]

De postre probamos la tarta casera de queso --excelente, cremosa--, el tocino de cielo y la milhojas de nata, muy ricas también.

[Tarta de queso]
[Tocino de cielo]
[Milhojas]

Es muy de agradecer que (todavía) se puedan encontrar opciones de cocina tradicional de calidad en un centro histórico que no para de crecer y de evolucionar. Es imperioso que esta cocina sobreviva y conviva con las nuevas tendencias gastronómicas y con la oferta culinaria internacional que enriquece nuestra ciudad.

miércoles, 2 de enero de 2019

Gastroletras de Lindsey Davis

La plata de Britania es la primera novela que la autora inglesa Lindsey Davis escribió con el detective Marco Didio Falco como protagonista. Las novelas --veinte, hasta la publicación de Némesis, la última de la serie, en 2011-- tienen como trasfondo histórico la Roma del emperador Vespasiano. En la novela que nos ocupa, las referencias gastronómicas se cuentan por cientos, pero nos hemos querido parar en el uso que hace la autora británica de la comida como elemento de comparación, puesto que nos ha parecido muy divertido a la par que poético. Veamos algunos fragmentos:
(1) Para salvarlo de la indignidad de que una mujer lo estrujase hasta convertirlo en pulpa de fruta.
(2) El más corpulento de los dos intentaba arrancarme las amígdalas con la tenaz eficiencia con que un pinche de cocina pela guisantes.
(3) ¡Me encantaría abrirlo como a un pollo entrometido, deshuesarlo y depositarlo en una parrilla al rojo vivo!
(4) Suponía que al llegar quedaría aplastado como un cascarón de huevo bajo la pesada bota de un guardia.
(5) Sosia llevaba un vestido rojo con el dobladillo adornado con una trenza color ciruela.
(6) Por debajo el tono de su piel era blanco pétreo como el del alabastro. Era ella, pero jamás sería ella misma. No había luz ni risa, sino un estuche inmóvil y blanco como un cascarón de huevo. Aunque era cadáver yo no pude tratarla como a un cadáver.
(7) En comparación con Hilaris, mi cliente Camilo Vero no era más que una ciruela pocha
(8) Me volví a medias: se trataba de la joven envarada que tenía a la niña en la falda. Sus ojos semejaban caramelo quemado en un rostro cual una almendra amarga. Lucía aretes de oro de los que colgaba una fina cuenta de coralina. De repente la iluminé: era Helna, la hija del senador.
(9) Yo era un tronco derribado que flotaba en una sopa de cebada tibia, aunque apenas podía mover los brazos  las piernas porque tropezaba con los granos; me había atiborrado de zumo de adormidera para calmar el dolor.
(10) Bajo el crepúsculo sus ojos habían adquirido el color de la miel vieja: los últimos restos que se esconden fuera del alcance de los dedos en el fondo del tarro.
(11) Una luz color champiñón cubría de copos los tejados de los templos o titilaba en los surtidores de las fuentes.
(12) Está blando como las natillas. El muy imbécil ha vuelto a enamorarse.
(13) Le dirigí una mirada desorbitada y perversa con la que daba a entender que en un almacén de pimienta podíamos hacer cosas que tenían su propio picante. Helena se puso seria. Carraspeé sensatamente. Se levantó para irse.
 (14) La única posibilidad de moverse consistía en abrirse paso realizando contorsiones musculares en medio del gentío, como una comida que discurre en el interior de una serpiente.
(15) Apenas tuve tiempo de descender calle abajo y aplastarme contra el carro destartalado porque el hombre salió del almacén como una semilla de altramuz que revienta
(16) Bastaría con que cualquiera de los dos hiciese un movimiento para que Camilio la rebanara como a un jamón hispano.
(17) Estaba de pie junto a la barandilla y miraba hacia fuera, pero se volvió en cuanto hablé: ojos como caramelo líquido en un rostro almendrado y cremoso.

Lindsay Davis, La plata de Britania, 2006

miércoles, 26 de diciembre de 2018

Los estrictos hábitos alimenticios de Sheldon Cooper

Ahora que estamos saboreando los que serán los últimos capítulos de la serie The Big Bang Theory es buen momento para homenajear este serie mítica. Creo, sin temor a equivocarme, que Sheldon, Leonard, Howard, Rajesh, Penny, Bernadette y Amy han ocupado un lugar tan importante en estos años como Rachel, Monica, Phoebe, Joey, Chandler y Ross lo hicieron en la década de los noventa del siglo pasado. Ya hemos hablado de la importancia de la cocina en muchas series de televisión entre las que no podían faltar, por supuesto, The Big Band Theory y Friends.


La cuestión gastronómica no se escapa de las manías del doctor Cooper y, por ende, afecta a todos los personajes, ya que la vida de estos chicos están absolutamente condicionadas por las rutinas y los contratos de Sheldon. De hecho, gran parte de las escenas ocurren en tres lugares: la casa de Sheldon y Leonard, mientras cenan; la cantina de la universidad, mientras comen; el Cheescake Factory, donde trabajó durante mucho tiempo Penny y, durante menos tiempo, Bernadette. En las últimas temporadas, la cocina de casa de Howard y Bernadette también se ha erigido en un lugar recurrente.

Desayunos
Sheldon desayuna unas gachas de avena a diario excepto los sábados, que toma un bol de leche con cereales de trigo sentado en su sitio del sofá mientras ve Doctor Who. Eso sí, es un experto en todo tipo de tostadas, entre las que destacan las que prepara con su tostadora de otra mítica serie: Galáctica, estrella de combate. Esta tostadora "imprime" un zylon en la tostada.


Comidas
Los chicos comen en la cafetería de la universidad y con frecuencia los vemos con unos platos combinados con bastantes verduras, ensaladas y sándwiches, principalmente. Eso sí, difícilmente los veremos llevarse algo a la boca, más bien se dedican a mover los cubiertos y "marear la comida", de lo que debemos culpar al raccord.


Cenas
El gran momento es la cena y ahí es donde Sheldon dirige con mano firme al grupo. Los lunes es día de comida tailandesa (polo satay y fideos fritos para Sheldon, arroz, pad thai para otros personajes); los martes le toca el turno al Cheescake Factory donde Sheldon siempre pide su hamburguesa con queso y bacon (a un lado) aunque no siempre tiene suerte, sobre todo cuando Penny tiene un mal día; los miércoles hay que ir a la tienda de cómics así que la cena se reduce a las tostadas de queso gratinado; los jueves toca pizza aunque, el tercer jueves de cada mes, se puede pedir otra cosa (es el único oasis de libertad en la semana); el viernes es el día de la comida china (¡el pollo siempre cortado en cubitos!)


Otros detalles gastronómicos
Pero tantos episodios nos han dejado otras anécdotas relacionadas con la comida:
  • Penny no es muy buena en la cocina y siempre que hay una ocasión especial la encontraremos preparando espaguetis con salsa de tomate, a los que siempre le acaban encontrando alguna pega. 
  • La madre de Howard no para de comer y de ofrecer comida a su hijo y sus "amiguitos", siempre platos judíos.
  • A Howard, sus compañeros rusos en la misión espacial lo llaman Choco Krispy porque es el desayuno que le está preparando su madre cuando tiene la entrevista previa.
  • Leonard es intolerante a la lactosa.
  • Howard es alérgico a los cacahuetes.
  • Rajesh odia la comida de su país.
  • Penny no controla de comida pero sí de bebida y con mucha frecuencia la vemos bebiendo vino.
  • Raj necesita beber alcohol para poder hablar con chicas.

miércoles, 19 de diciembre de 2018

Boca Llena: alegría, elegancia y buen trato

Lo primero que llama la atención de Boca Llena, en Teatinos, es la cuidada decoración. Elegante, moderno, funcional, acogedor y cómodo. Simultáneamente, es destacable el trato de todo el personal desde el primer momento, un personal atento y formado que, como hemos dicho tantas veces, es imprescindible para que la experiencia gastronómica sea total.


El tercer elemento es un mono, logo del establecimiento que, además, vertebra la carta de una forma simpática: Monerías (tapas y entrantes), El Jardín de los Monos (las ensaladas), Con mono de arroz y Della Mona Lisa (platos italianos), Mono al agua (pescados), Leña al mono (carnes) y El último mono (postres) son las secciones del menú. Unos cuarenta platos a los que se suman las sugerencias del día.


Tres socios --entre ellos el exfutbolista brasileño del Málaga, Welligton-- y un gran equipo en cocina y en sala, son las claves del éxito de este recomendable establecimiento con una propuesta gastronómica para todos los públicos, donde convive lo más tradicional --jamón ibérico puro de bellota, queso manchego de oveja, croquetas de la casa, salmorejo-- con una cocina más contemporánea con toques internacionales --gyozas, ceviches, tartares o tatakis-- y, a medio camino, los platos de toda la vida revisados con un toque más personal, como pueden ser la rusa del mono o, una de las sugerencias fuera de carta que más nos gustó: los nems de rosada frita con lima y guacamole.

[Rusa del mono]
[Nems de rosada]

Otra muestra de la personalidad de la cocina de Boca Llena son las tostas de boquerones con moje manchego, bien especiado y con toques picantes. También fuera de carta aunque, según tenemos entendido, una sugerencia muy habitual, probamos las vieiras con setas y alioli que, a pesar de estar muy buenas, quizá el sabor de la vieira queda un tanto camuflado por sus acompañantes.

[Tostas de boquerones con moje manchego]
[Vieira con setas y alioli]

En esta ocasión, en lugar de un pescado o una carne, teníamos ganas de arroz y nos decantamos por el arroz negro con espuma de alioli, donde destacaba un buen fondo marino y un potente sabor, riquísimo.

[Arroz negro con espuma de alioli]

Entre los postres, elegimos la tarta de manzana --un fino hojaldre templado con manzana delicioso-- con helado de vainilla y la tarta de queso, un clásico muy bien ejecutado.

[Tarta de manzana]
[Tarta de queso]

Teatinos sigue llamando la atención de Málaga en el aspecto gastronómico, con propuestas más que interesantes para que ampliemos nuestro abanico de alternativas. El centro es el centro, pero los barrios --Malagueta, Pedregalejo y El Palo, Cerrado de Calderón, Teatinos, Carretera de Cádiz...-- tienen mucho que decir. ¡Oído!

miércoles, 12 de diciembre de 2018

Ristorante Maccheroni, icono romano

[Piazza Navona]
Hemos tenido la suerte de volver a Roma hace unas semanas, una de nuestras debilidades por cuanto encierra de historia y de arte y, por supuesto, por lo bien que se come. Si bien la última vez nos quedamos en la zona del Trastevere, en esta ocasión hemos aprovechado para volver a otras zonas de la Ciudad Eterna.

Por esas casualidades de la vida, unos días antes tuve ocasión de hablar con José Alberto Garrido, socio y gerente de KGB y Wendy Gamba, como sabéis, quien me hizo varias recomendaciones de restaurantes y pizzerías, donde él mismo estuvo hacía pocos meses. Entre las sugerencias que nos hizo, hizo especial énfasis en que visitáramos el Ristorante Maccheroni y, aprovechando que queríamos volver a visitar el Panteón y la Piazza Navona, hicimos una reserva para cenar allí.

Esta céntrica zona se caracteriza por sus estrechas calles adoquinadas que se van abriendo a plazas emblemáticas, como las mencionadas Piazza Navona o Piazza della Rotonda, por las que turistas de todo el mundo tratan de inmortalizar con sus cámaras cada rincón, cada fuente, cada escultura, cada edificio... todo salpicado de ristorantes, trattorias, salumerias, pizzerías, osterias o gelaterias donde disfrutar de la mejor gastronomía italiana.

[Panteón de Agripa]

El ristorante Maccheroni es todo un icono de la cocina romana. No en vano descubrimos, mientras preparábamos este artículo, que Michelle Obama eligió este restaurante hace unos años para escaparse a cenar durante la visita a la capital italiana. Situado en la Via delle Coppelle, el restaurante se divide en dos partes: la planta principal y un sotáno, por los que se reparten las mesas en salones íntimos, con decoración rústica y tradicional, paredes con zonas de ladrillo visto y arcos que separan los espacios, creando un ambiente muy acogedor y familiar.


Nos ubicaron en el sótano --nada de cobertura en los móviles, lo que ayudó a que nos concentráramos en la comida y en la tertulia-- por lo que tuvimos ocasión de recorrer los diferentes espacios, desde la barra de la entrada a los diferentes salones, pasando por la cocina abierta donde los cocineros manejaban las sartenes con toda suerte de pasta y salsas, componiendo una magnífica coreografía.


La carta no es demasiado extensa, ni falta que hace: Antipasti, Primi Piatti y Secondi. La estrella indiscutible del restaurante es, cómo no, la pasta. Pasta fresca con ingredientes de gran calidad y buena mano en la cocina. Dimos cuenta de algunas de sus especialidades: fettuccine al tartufo nero, ravioli al fiori di zucca, tonnarelli alla carbonara, maccheroni alla gricia, tonnarelli a cacio e pepe...

[Fettuccine al tartufo nero]
[Ravioli al fiori di zucca]
[Tonnarelli alla carbonara]

También probamos --por recomendación-- la saltimbocca alla romana, otro de los platos más famosos de la cocina italiana, realmente espectacular.

[Saltimbocca alla romana]

Estoy seguro de que no os sorprenderá leer la siguiente frase: los postres son todos caseros y deliciosos. ¡Qué originalidad en la redacción! Compartimos una panna cotta y un tiramisú a cuál más rico.

[Panna cotta]
[Tiramisú]

El personal es muy agradable, capaz de bromear sin perder la corrección. Con amplia experiencia y formación, respondió a todas nuestras preguntas y nos explicó todo lo que quisimos saber. Seguramten haya quien diga que es un lugar ruidoso pero lo que bulle es vida y disfrute de amigos y familiares, romanos y turistas, que comparten mesa, pasta y vino.

miércoles, 5 de diciembre de 2018

Prohobitox: libertad, creatividad e inspiración china

Los orígenes hay que buscarlos en Escandinavia; la inspiración gastronómica, en Asia --principalmente en la cocina china--; y el restaurante, en el centro de Málaga. Bienvenidos a Prohobitox, un restaurante que se autodefine como "Asian crossover" y que destaca por la alta calidad de la materia prima, el buen hacer en la cocina, el mimo en el trato al cliente y el ambiente internacional.

Situado en la calle Juan de Padilla, en el entorno de la plaza de los Mártires, es el sueño de Bianca Braten y el chef Robert Harewood, que cambiaron la fría Oslo por la cálida Málaga para este proyecto que abrió en la capital en verano de 2017. Entre otros, el chef Harewood ha trabajado junto a Michel Roux Jr. en Le Gavroche y a Gordon Ramsey en Aubergine.

[Prohobitox. Terraza]
[Prohobitox. Detalles del interior]

El espacio ha sido diseñado por el estudio malagueño IE2, responsable también de Café de París o de Sergio Megías Gastrobar, entre otros. El interior es muy acogedor: iluminación tenue, cómodos asientos, mesas pequeñas de madera con velas, grandes cortinas que le dan un aire teatral... 

[Carta de Prohobitox]

La carta no es demasiado extensa, como nos gusta, y se divide en Snacks y acompañamientos, Tapas asiáticas, Noodles, arroz y verduras, De los océanos, De la tierra y Postres. Pensamos que destacan las tapas --inspiradas claramente en los dim sum chinos-- y los platos para compartir. Nosotros comenzamos con dos excelentes tapas: croqueta cremosa de arroz con salchichas chinas y mayonesa de wasabi y vieira Sui Mai con vinagreta XO y huevas de pez volador.

[Croqueta cremosa de arroz con salchichas chinas
y mayonesa de wasabi]
[Vieira Sui Mai con vinagreta XO y huevas de pez volador]

Fuera de carta nos sugirieron las navajas picantes a la plancha y, como acompañamiento, donut chino con sal de Sichuan. Sublime.

[Navaja y donut chino]

De la tierra, nos decantamos por unas costillas a la naranja con Kahlua, almendras de Málaga y cacao, un sensacional con base china y productos locales que nos hacían viajar a México: América, el Mediterráneo y la lejana Asia en un mismo plato.

[Costillas a la naranja con Khalua, almendras de Málaga y cacao]

Terminamos la cena con el pulpo a la plancha, arena comestible de Pedregalejo y salsa hoisin. Esta salsa --popular por ser la perfecta pareja de baile del pato Pekín-- combina a la perfección con el pulpo, muy tierno y jugoso. La textura la aportan la tierra junto a la yema de huevo y el sésamo. Uno de los platos de referencia de Prohobitox. Como acompañante pedimos una verduras asiáticas salteadas que nos encantaron: raíz de loto, bok choy y tofu salteados con jengibre, ajo, vinagre de arroz, salsa de soja  y chile rojo.

[Pulpo a la plancha, arena comestible de Pedregalejo y salsa hoisin]
[Verduras asiáticas salteadas]

Nos recomendaron que dejáramos un huequecito para el postre y así lo hicimos. Elegimos el (sorprendente) postre estrella de la casa: tarta tatin de piña, que sorprende por el toque picante que le da el chef con el chile rojo, que potencia el sabor de la fruta, el ron blanco y el helado de yogur. Una brillante forma de cerrar la cena.

[Tarta tatin de piña]

Más que interesante restaurante de cocina fusión asiática en la que destacan los productos de estación al servicio de platos de inspiración china elaborados con criterio, en los que la creatividad del chef son fruto de sus años de experiencia y de una libertad en los fogones que dan como fruto una cocina con gran personalidad.