miércoles, 10 de mayo de 2017

Glosario gastronómico. De dulce

Tras haber hecho un repaso por algunas de las nuevas técnicas que podemos encontrar en la cocina como han sido las espumas, aires, caviar… y aprovechando una escapada de unos días a París, cuna de la Nouvelle Cuisine y de la pastelería, teníamos que adentrarnos un poco en el mundo dulce y toda su terminología, empezando por quenelle, ganache, macaron y éclair.

Quenelle
Cuando hablamos de quenelle nos referimos a la manera de presentar alimentos, dulce o salados, con forma similar a un balón de rugby o croqueta. Se puede elaborar con una sola cuchara, como en el caso de las quenelles de helado o con dos cucharas, como en el caso de tartares, mousses o cremas.

[Quenelle de helado con una sola cuchara]
[Haciendo quenelles con dos cucharas]

Para que la quenelle quede bonita y uniforme es importante que el alimento que queramos moldear ofrezca una textura suave y cremosa, pero lo suficientemente firme como para que no pierda la forma. Se trata de una palabra francesa cuya traducción al español sería 'quenefa' y tiene su origen en una elaboración típica francesa de la región de Lyon, que recibirían el nombre de Quenelles Lyonesas, y que se elaboraban con una pasta de sémola o harina, mantequilla , huevos y leche o agua y que llevarían carne de ave, ternera o pescado y que irían acompañados de salsa.

Veamos un vídeo de una quenelle de helado con una cuchara:


En este enlace puedes ver a los hermanos Torres elaborando una quenelle de guarnición con dos cucharas.

Ganache
Cuando hablamos de ganache nos referimos a la preparación resultante cuando mezclamos nata caliente con chocolate.

Hay varias teorías en lo que respecta al origen del término. El ganache es un término francés, aunque su procedencia es discutida. Se cree que el ganache surgió sobre el año 1850, unos dicen que proviene de Suiza y otros que lo inventó la pastelería Siraudin de París.

El nombre provendría de una equivocación cometida por un aprendiz pastelero, quien habría echado por error nata caliente en un chocolate, por lo que su maestro lo habría tratado de ganache, que significa 'tonto, incompetente', en francés. Lejos de quedar inutilizable, la crema se aprovechó con éxito y conservó el nombre del insulto.

Sus usos pueden varios dependiendo de las proporciones que utilicemos, pudiéndose usar como relleno, trufas, baños… Asimismo la ganache resultará mas clara o más oscura, más dura o mas blanda dependiendo de las proporciones que utilicemos, pudiéndose aromatizar con diferentes elementos como vainilla, licores…

La temperatura también condicionará la textura del ganache, pues al tratarse de grasas estarán mas fluidas en caliente y mas densas en frío.

Las proporciones orientativas que se utilizan para elaborar los diferentes ganaches son las siguientes:

  • Ganache de relleno: se utiliza una parte de nata por una parte de chocolate 1/1.
  • Ganache para rellenar trufas: se mezcla una parte de nata por dos de chocolate 1/2.
  • Ganache para glaseado o cobertura: una parte de nata y tres de chocolate 1/3.

[Elaboración del ganache]

Macaron
Cuando hablamos de macaron a la gente le suele venir a la cabeza la pasta italiana acompañada de alguna salsa, pero si nos referimos a dulce tenemos que irnos hasta Francia y se nos vendrá la imagen de unas galletitas redondas y de colores muy llamativos con un relleno cremoso y/o gelatinoso.

Según fuentes históricas tendríamos que ir en torno al siglo VIII para ver la primera aparición de los macarons, pero no sería en Francia sino en Italia --de donde son originarios--, y que Catalina de Medici exportaría a Francia.

Si hablamos de épocas contemporáneas nos tendríamos que hablar de dos grandes pasteleros que le han dado importancia y fama a este dulce, que no podrían ser otros que Pierre Hermé y Pierre Desfontaines, pastelero y propietario de las famosas pastelerías Ladurée, que han hecho combinaciones de sabores como melocotón-rosa, lima-albahaca, praliné-yuzu.

Como ingredientes básicos para la elaboración de los macarons tenemos los siguientes: clara de huevo, almendra molida, azúcar glace y azúcar, y su elaboración a pesar de ser fácil conlleva cierta complicación a la hora de hacerlos, pues es difícil dar con el punto perfecto. El secreto está en dar con la consistencia deseada de la masa, la temperatura del horno y la altura de la bandeja en el mismo.

Otro de los pasos importantes que tendremos que dar a la hora de la elaboración de los macarons es escudillar en la bandeja de horno, dar un ligero golpe a la bandeja para que no queden burbujas de aire en la masa y dejar secar a temperatura ambiente hasta que la capa superior quede seca y lisa, para posteriormente introducir en el horno.

 
[Macarons de Ladurée]



Éclair
Poco se sabe del origen del éclair ('relámpago' en francés), pero sí que nació en Francia sobre principios del siglo XIX. Muchos historiadores gastronómicos especulan con que los pepitos fueran cocinados por primera vez por Marie-Antoine Carême, un famoso repostero de la corona francesa. Se cree que el nombre proviene de una modificación de la palabra francesa petit four (literalmente ‘pequeño horno’).

Se cree que el éclair recibió en francés este nombre por la forma en la que brilla cuando es cubierto con el glaseado. En español recibe el nombre de petisú, pepito o relámpago, al igual que en francés.

El éclair esta hecho con pasta choux --la misma masa con la que se elaboran los profiteroles--.
Tradicionalmente eran de café, chocolate, vainilla… hasta que un pastelero inglés, Christophe Adam empezó a revolucionar el mundo de los éclairs cuando trabajaba en la pastelería Fauchon. Tras 15 años en Fauchon decidió abrir su propia pastelería en el barrio Le Marais de París (uno de los más cosmopolitas de la ciudad), dedicado en al éclair y que llamaría L´Eclair de Génie, donde realiza una semana temática a este dulce una vez al año, haciendo elaboraciones tan espectaculares como la mirada de la Gioconda.

[Fauchon]
[L'Éclair de Génie]

Como curiosidad hay que decir que los hoteles Le Meridien de todo el mundo festejan el 22 de junio el Día del Éclair de chocolate. En todos los lugares del mundo se hacen diferentes versiones del eclair, ya sea dulce o salada, como el petisú malagueño que elabora José Antonio Moyano, todo un trampantojo realmente sorprendente.

Para terminar os quiero dejar unas fotos de diferentes pastelerías de la escapada a París para que podáis haceros una idea de lo que significa la pastelería para nuestro país vecino. Que las disfrutéis.

jueves, 4 de mayo de 2017

Cena tradicional polaca en Stary Dom

A finales del pasado mes de abril tuve que ir a Varsovia durante un fin de semana por motivos de trabajo. Para ser más exactos, mi estancia en la capital polaca no llegó a las 24 horas. Sin embargo, no podía dejar escapar la ocasión de disfrutar de la tradicional comida polaca que ya en otros viajes al sur del país --Cracovia, Katowice-- había podido disfrutar. A la hora de hacer gastroplanes lo tuve fácil puesto que conté con la inestimable recomendación de varsovianos, a través de mi buena amiga Joanna.

El restaurante elegido para la cena fue Stary Dom, cuyo significado --Casa Antigua-- ya nos dice algo de lo que nos vamos a encontrar. Si bien no se encuentra en el centro de la ciudad --tuvimos que hacer un trayecto en taxi--, merece la pena ir en su busca (previa reserva, eso sí, si no es imposible) por la decoración, el ambiente, la atención y, por supuesto, la cocina.

[Entrada del restaurante]
[Detalle de la mesa]
[Vista de uno de los salones]
[Uno de los acogedores rincones del local]

No solo tuvimos la suerte de que nos recomendaran el restaurante sino que nos sugirieron las especialidades de la casa, corroboradas por el personal de sala, extremadamente atento, amable y servicial. Pero volvamos al restaurante: luces tenues y de tonos ocres que dan la sensación de calidez --necesaria y muy bienvenida para contrarrestar los cinco grados del exterior--, paredes de piedra vista, suelo y vigas de madera, decoración a base de grandes espejos de marcos barrocos, enormes ramos de flores rosas, grandes lámparas de techo y pequeñas coronas de flores colgadas de los apliques de luz de los pilares. Dos grandes salones con cortinas y visillos en las ventanas que le dan un toque hogareño. De fondo, de vez en cuando se arrancaban algunos señores de voces roncas ya rasgadas por el vino y el vodka cantando canciones tradicionales polacas. Todo va por buen camino, la noche promete.

[Salón principal]
[Decoración]
[Zona de reservados]
[Lámpara y flores]

La carta (puedes pedirla en inglés, además de la que en polaco está en las mesas) no es demasiado extensa --buen síntoma-- y se divide en Buffet frío, Sopas, Entrantes calientes y Platos principales. De los postres hablaremos llegado el momento… Si bien no es lo más habitual en estos países, nuestro interés por probar el mayor número de paltos posibles, nos llevó a pedir todo para compartir. Optamos por dos entrantes calientes, dos principales y dos postres para tres personas. Hay que decir que durante todo el día casi no habíamos comida, de ahí nuestra voracidad.

Para beber pedimos cerveza local, Kasztelan, que las mujeres pueden pedir con zumo. Mi amiga Joanna la pidió con zumo de frutos rojos, dándole un sabor demasiado dulzón, que me recordó al de las cervezas de sabores belgas (que tan poquita gracia me hacen). Esto me recordó mi primer viaje a Polonia, donde me contaron (y pude ver) que a las chicas les servían por defecto la cerveza en vasos más pequeños (33cl) que a los chicos (1/2 litro) salvo que la chica en cuestión especificara que quería una cerveza grande. Y las mujeres podían pedirla bien mezclada con zumo bien con un sirope —que echaban en las paredes de la jarra— que endulzaba y suavizaba el amargor de la cerveza. A un hombre no se le puedo ocurrir pedir eso… Con las bebidas, un aperitivo a base de pepinillos, diferentes panes y una salsa a base de crema agria parecida al tzaziki griego.

[Para ella]
[Para él]
[Aperitivo]

El primero de los entrantes que pedimos fue un gołąbki clásico, como lo han preparado las madres polacas durante toda la vida: es una hoja de col rellena de carne picada y arroz, guisada con salsa de tomate y tomillo fresco.

[Gołąbki]

Continuamos con una de las grandes especialidades de la casa: un excepcional tartar de carne de vacuno especiada, elaborado por el chef en la mesa y servido inmediatamente después de tu preparación. Tras picar —a cuchillo, claro— la carne finamente, le añadió cebolla blanca, pepinillos y champiñones (que le daba un interesante sabor a tierra). Junto a la yema de huevo, para aglutinar y aportar sabor, aceite de perejil, mostaza con miel y levístico (o apio de monte). Toque de pimienta negra para concluir y a la mesa. Absolutamente extraordinario tanto sabor como textura. Nos encantaron las idas y venidas de sabores en boca.


[Tartar]

Seguimos con uno de mis platos polacos predilectos: los pierogi —un tipo de pasta que recuerda los ravioli que se puede rellenar de carne, de queso… y se acompañan on alguna salsa—. Ejecución perfecta: pasta casera muy fina, cierre nada grueso y elegante, relleno de carne (probablemente mezcla de ternera y cerdo) de gran calidad y muy compacto y sin salsa, solo con cebolla frita y cebollino.

[Pierogi]

El plato fuerte fue  golonka, es decir, codillo de cerdo al horno con un toque de miel. Piel crujiente, carne tierna y jugosa, que se separaba del hueso a poco que hicieras presión con el tenedor, presentado en una tabla de madera sobre una cama de col fermentada y espaciada (muy, muy próximo al bigos) Y acompañado de chrzan, una salsa picante, muy picante, a base de nata y algún tipo de raíz de la familia del jengibre que, aplicada con moderación (sé por qué insisto en lo de la moderación) a la tajada de carne con col es una combinación excelente. El picor de la salsa recuerda mucho al del wasabi japonés.

[Golonka]

Al entrar al restaurante te encuentras con una espectacular mesa y dos vitrinas de tartas absolutamente irresistible. Es una suerte de amenaza, de advertencia, que le dice al recién llegado: ojo, ya sabes que estamos aquí, no podrás resistirte a probarnos… y, claro, no nos olvidamos de hacerlo (a pesar de que los platos no son precisamente ligeros). Totalmente imprescindible es la tarta de merengue con crema de pistachos. El merengue no es un dulce que se coma especialmente en Polonia pero este restaurante está especializado en ellos. De hecho, pasan por ser los mejores de la ciudad. El otro postre que tomamos fue tarta de queso, en nada parecida a la americana ni a la que comemos en España. Un queso mucho más ligero y frutos en el relleno. Buena pero nada extraordinario. Con total seguridad, lo que menos nos gustó. Para los postres, un chupito de wisniowka, un digestivo de cereza muy rico (y necesario tras tan copiosa cena).

[Mesa de postres]
[Tarta de merengue y crema de pistacho]
[Tarta de merengue y crema de pistacho]
[Tarta de queso]

Pero todavía quedaba una sorpresa final. Tras pagar, mientras recogíamos los abrigos y tomábamos conciencia de que debíamos salir de nuevo al frío, nos entregaron una bolsa con una cajita con otros dulces, regalo de la casa para que probáramos otras de sus especialidades: un éclair de almendras y un trozo de tarta de chocolate negro con relleno de chocolate con leche y fresas.

[Éclair de almendras]
[Tarta de chocolate y fresa]

Stary Dom es un restaurant absolutamente recomendable donde la cocina tradicional polaca es la protagonista (golabki, pierogi, golonka, chrzan), sin negar la influencia de la cocina francesa clásica (tartare, merengue, éclair). Gran ejecución, excelente atención de todo el personal (recepción, camareros, chef) —que respondieron todas nuestra consultas amablemente y nos hicieron acertadas sugerencias—.y un ambiente acogedor y casero.