sábado, 19 de marzo de 2016

La increíble historia de Masao Kikuchi y el lujo de poder disfrutarlo en Málaga

Los que me conocen saben que tengo debilidad por esta historia y quiero compartirla con vosotros por la humanidad que encierra y para que nos demos cuenta del lujo que es tener a Masao Kikuchi haciendo del sushi un arte supremo en Rocío Tapas y Sushi, un establecimiento absolutamente de culto en el que es imprescindible reservar una de sus pocas mesas ya sea para disfrutar de la cocina japonesa de Kikuchi o de las tapas de Juan Bautista García, que consiguiera una estrella Michelin para el restaurante Mesana de Marbella (2006).


Estamos, sin duda, ante los mejores sushis y sashimis de España. No en vano, se puede decir sin riesgo a exagerar ni a mentir que Masao Kikuchi es el padre, el mentor, el maestro de todos los grandes chefs de sushi que ejercen su labor en España, incluido el gran Ricardo Sanz, de Kabuki, uno de los grandes maestros internacionales de esta cocina.


Te encontrarás a esta leyenda viva del sushi (y de la tempura, el sashimi, la gyoza o el ramen, todo sea dicho) en una de las mesas de fuera del local, tomando el sol probablemente con una cervecita entre manos y acudirá a la cocina tan pronto como pidas. Las manos de artista se pondrán  a crear para tu deleite.


Pero permitidme que vaya a los orígenes. Empezó a trabajar en su Japón natal, donde desempeñó su labor profesional y se formó hasta principios de los años sesenta, cuando decidió abrir su restaurante propio en Hawai. Allí estuvo una década, hasta que se mudó a Alaska en 1975. Poco después le hicieron el encargo de dirigir los restaurantes de la cadena hotelera Hilton en Emiratos Árabes y Arabia Saudí. Tras este periplo le tocó regresar a Japón para hacerse cargo de la cocina del Palacio Imperial del emperador Hirohito, nada más y nada menos. De ahí a nuestra provincia, al Hotel Guadalpín de Marbella, donde abrió el restaurante Taro, donde su prestigio siguió aumentando gracias a su sublime forma de cocinar.


Estamos en 2008. En Marbella, el maestro Kikuchi está muy enfermo, con peligro real de perder la visión, y solo. Aquí aparecen en escena Juan Bautista García y su mujer, Rocío, con quienes había entablado amistad en la época del Guadalpín, quienes se hicieron cargo de su atención, ingreso en el hospital para la operación y cuidado durante el período de recuperación.


Juan Bautista y Rocío le invitaron a que se mudara a Málaga, donde ellos estaban viviendo y trabajando (en el célebre restaurante Antonio Martín). El maestro Kikuchi aceptó con la condición de trabajar para ellos. Juan Bautista y Rocío le propusieron ser socios pero ya se sabe cómo es la disciplina japonesa. Y aquí lo encontramos, haciendo disfrutar a quienes no desaprovechamos la oportunidad de acercarnos al único restaurante del mundo que ofrece sushi y tapas... ¡y qué sushi, y qué tapas!


La elegancia, la sensibilidad, la perfección, el equilibro y la creatividad se dan cita en este modesto restaurante que, custodiado por el Parque del Oeste y por la playa de la Misericordia, es un referente para los amantes del buen yantar.


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